Carriola. 27.12.25.
julio@carriola.es.
MANUAL DE SUPERVIVENCIA TRAS OTRO OTOÑO DE LOCURA

José Iglesias
Se nos va otro año, así, sin pedir permiso, y uno no sabe si despedirlo con un aplauso, con un suspiro… o con una denuncia formal en Consumo. Porque este 2025 nos ha venido cargadito: polarización, incendios, debates del nivel “yo tengo razón porque sí”, y un sinfín de momentos que nos han puesto a prueba la paciencia, la salud mental y, en algunos casos, incluso la educación.
Lo de la polarización merece capítulo aparte. Últimamente, hablar de política es como jugar a la ruleta rusa, pero con tertulianos.

Uno lanza un comentario inocente, casi una observación meteorológica (“otro espectáculo hoy en el Congreso”), y en cuestión de segundos la conversación evoluciona a discusión, de ahí a batalla dialéctica, y de ahí a “me voy porque contigo no se puede hablar”.
Parece que todos somos expertos, dueños de la verdad absoluta y evangelizadores de nuestra propia doctrina. Menos hablar para entendernos: hacemos de cada conversación un ring de boxeo sin árbitro.
Y por si discutir no fuese suficiente deporte nacional, este pasado verano… ¡ardió medio país!
Qué desastre. En León, Extremadura, Ourense y tantos lugares no había forma de mirar al cielo sin preguntarse si aquello era humo o si el sol había decidido ponerse un filtro sepia .
Pasamos miedo, impotencia y mucha rabia. Otra vez el monte abandonado, el rural olvidado, los vecinos que veían sus hogares arder clamando al vacío, mientras las llamas avanzaban como si tuviesen cita previa.
Y, como siempre, los héroes fueron los que menos tiempo tienen para discursos:
los equipos de extinción, que no conocen el verbo “descansar” y los vecinos, que ante el fuego reaccionan mejor que ante los cambios de tarifa de la luz.
Ellos sostuvieron lo que otros dejan caer.

Mención especial también para nuestros Sanitarios que trabajan como si tuvieran superpoderes, a pesar de decisiones tomadas desde despachos tan alejados de la realidad asistencial que podrían estar en otro planeta;
Por todo esto, al nuevo año no voy a pedirle grandes cosas.
No quiero milagros, ni acuerdos imposibles, ni que la política deje de ser un espectáculo de variedades (que, oye, de vez en cuando entretiene).
Solo le pido:
cordura, sensatez, un poquito de equilibrio… y que los de arriba, esos que mandan, decidan de una vez predicar con el ejemplo en lugar de dedicarse a encender a la gente como si fuesen mecheros humanos.
Porque los de abajo, los que vivimos la vida sin focos ni titulares, lo único que queremos es algo bastante simple:
vivir en paz, con dignidad, sin incendios que nos quiten el sueño ni conversaciones que terminen en dramas familiares.
Si el 2026 nos trae menos ruido y más calma, menos fuego y más cuidado, menos crispación y más humanidad…
Pues mira, ya habremos ganado algo.
Y si no… bueno, siempre nos quedará escribir otro artículo.
Saludos Navideños!