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RINCÓN DE LA PEDAGOGÍA(*):Educación y familia

Carriola.22.03.26

julio@carriola.es

ESTILOS EDUCATIVOS FAMILIARES

Dolores Armas

Lic. en Pisopedagogía

La familia, habitualmente,  es el primer contexto  de desarrollo del niño. En el hogar adquiere habilidades, hábitos, rutinas, creencias, ideas, valores y conductas que luego pondrá en juego en otros contextos sociales. La forma de actuar con respecto a los niños, la toma de decisiones y la manera de resolver los conflictos será lo que determine el estilo educativo parental, que a su vez dependerá de varios factores bien diferenciados relacionados con nosotros mismos y que veremos más adelante. Pero además de ese papel relevante de los padres, tenemos que tener presente la idea de que la manera en que un niño se comporte y se construya va mucho más allá de lo que hagamos como responsables de su formación. La educación es bidireccional, es algo que los padres hacen con el niño. Este, desde el momento de su nacimiento, va tomando pequeñas decisiones y va dando respuestas diversas ante la interpretación que hace de las distintas situaciones que vive en el entorno. Por eso no todos los bebés lloran, ríen, duermen, atienden, aceptan, rechazan,… los mismos estímulos. El hijo que nace no coincide con el que imaginamos en nuestros sueños, el niño que nace no es un papel en blanco. Es un papel con colores sobre el que irán escribiendo y dibujando sus padres, pero también el resto de su familia y todas las personas con las que se vaya encontrando a lo largo de su vida. Entender así el desarrollo del niño no nos exime de nuestras responsabilidades. Nos ayuda a acercarnos a ellos con menos frustración y más empatía y comprensión. Los niños son especialmente sensibles y susceptibles y dependen enormemente durante su crecimiento de sus cuidadores.

La comunicación y el afecto

Desde el nacimiento el cuidador establece un nivel de comunicación con el bebé determinado por el grado de aceptación, afecto y proximidad que muestre.  El modo en que se establece ese vínculo fomentará un mayor sentido de seguridad y de autoestima positiva. Incluso tendrá sus efectos en el desarrollo social y cognitivo del niño.

Estrategias de socialización e ideologías

Con el primer término me refiero al conjunto de comportamientos que las familias valoran como apropiadas y deseables para sus hijos, tanto para su desarrollo como para su integración social. Y por ideologías a aquellas concepciones que los padres tienen acerca del desarrollo de los niños, su educación, el alcance de su papel, sus creencias y valores, en definitiva la idea que tiene sobre la vida. Así nos encontramos con familias que consideran que en el desarrollo del niño lo importante son las experiencias y el aprendizaje; otros que señalan al niño como el constructor de su desarrollo a través de la experiencia vivida en contacto con la realidad; otros prefieren pensar que las características de sus hijos vienen dadas por la herencia y están preestablecidas; y otros que centran todos sus esfuerzos en considerar que una buena crianza pasa por atender adecuadamente a la salud y a la alimentación, siendo los otros aspectos secundarios.

La disciplina

Entendida como la capacidad de la familia para mantener un orden y un conjunto de normas dirigidas a conseguir un fin. Según el propósito para el qué ha sido propuesto ese orden, y la manera en que se lleva a cabo, autoritaria o cooperativa, así serán sus efectos en el desarrollo del niño. Afectando a su autocontrol y autoestima, a como asumen la responsabilidad de sus hechos, a su capacidad para vivir autónomamente y relacionarse adecuadamente con diferentes y diversos grupos sociales.

Principales dificultades

Las más señaladas en las familias y relacionadas con su estilo educativo, están relacionadas con los comportamientos de los niños que son irritantes para los adultos. Las situaciones más incomodas y enojosas a aparecen con el llanto del niño en cualquiera de sus versiones (dolor, tristeza, enfado, miedo, tensión, amor,…). También se presentan malos momentos con la desobediencia del niño a las órdenes de los adultos y la inadecuación de su conducta a las diferentes contextos. Por último, suelen provocar enfado y malestar, cuando interrumpen alguna de nuestras acciones, tanto si son de placer como de obligación. Así el modo en que canalicemos nuestras emociones, nuestros actos y nuestras palabras ´determinará nuestra competencia parental.

(*) Colaboración dominical especial de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín

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