CARRIOLA DE OPINIÓN: De certamen de poesía a plataforma de lanzamiento
Carriola.23.03.26.
julio@carriola.es.
Un grave error la exclusión de autores en el "Premio de Poesía Concello de Marín"
Julio Santos Pena
El Ayuntamiento publicó las bases del “XXIII Premio Poesía Concello de Marín”, una cita anual que se alterna con el de “Narración Curta” lo que es un acierto cultural para este municipio nuestro que lleva tantos años manteniendo este certamen aunque, a decir verdad, acaba siendo un “premio muerto” porque, después del día 17 de mayo, cuando se otorga y se dan los mil euros al ganador o ganadora, la obra premiada acaba en el más absoluto olvido y desconocimiento porque, salvo la

edición recopilatoria de los diez primeros años que hizo en el año 1995 el por entonces socialista delegado de cultura, Pierres Martínez, y de esto ya cayó mucha lluvia, el resto de poemas y narraciones pasan a alguna papelera más o menos “fina” del archivo municipal, pero papelera al fin y al cabo, sin que nadie las haya leído ni pueda volver a verlas, lo que es, además de un contrasentido cultural, un despilfarro económico morrocotudo de un certamen que acaba siendo un bluff incomprensible sobre todo hoy en día en que, sin emplear más que un poco de tiempo de algún funcionario digitalizando las obras premiadas, no haría falta ni imprimirlas para no gastar más que los mil euros que se lleva el autor o autora en el momento preciso, y sí publicarlas en la misma página del Concello que ganaría valor cultural, sin duda alguna. Mientras no se haga algo así, el certamen de cada año “Concello de Marín” es una obra lamentablemente muerta.
Pero no era esa la razón de este comentario mío de hoy. La verdad es que este año ha tenido el Concello, o quien anda con estas cosas, la peregrina decisión de limitar la edad de los participantes señalando la etapa vital de 18 a 35 años, cercenando de ese modo, incomprensiblemente, la posibilidad de participación de autores de edad superior que se ven privados de poder expresar su arte literario dentro de un certamen que no nació, como dicen en la convocatoria de este año, “Para que sirva de trampolín para novos poetas dándolles un impulso nas súas carreiras literarias”.
El Premio de Poesía se inició en el año 1985, de la mano del concejal de cultura del PP de entonces, Julio Bértolo Ballesteros, y se empezó a alternar con el de narración corta en en 1990. En ningún momento, desde el primer año de la convocatoria se le ocurrió a nadie recortar la edad de los participantes porque eso es, en mi modesta opinión, una limitación aberrante y una exclusión de talentos literarios, mejores o peores, que de todo hubo y de todo hay, pero no exentos de la sensibilidad que exigen este y otros certámenes.
Tuve el honor de participar en el primer jurado, año 1985, formado por varias personas de Marín bajo la presidencia de Don José Filgueira Valverde, bajo cuya batuta compartimos varios días de lectura y análisis de las obras presentadas para otorgar el premio a Luis Almazán Lucas, por la obra “O meu soño nunha beira de delicias”, y Almazán era una persona de unos sesenta años, autor de muchos poemas con los que expresaba su sentimiento como pocos, aunque no prodigaba la publicación de sus obras que, como las de otros muchos autores, quizás por propio deseo, suelen quedar en algún cajón de casa para perderse definitivamente por falta, precisamente de publicación, una vez desaparecido el autor. Desde Luis Almazán para acá ha habido autores de todas las edades; obras de todos los estilos; jurados, algunos ¡válgame Dios!, de todas las componendas, y el certamen vino andando hasta ahora en que a alguien se le ocurrió convertirlo en una plataforma de lanzamiento de los “nuevos” y, a la vez, un pozo sin fondo de los que hayan cometido el error de cumplir 36 años. ¿Alguien puede comprender eso?.
Un certamen tiene que ser libre, para todos los autores que se sientan con capacidad o quieran expresar su interior en verso o en prosa. Para “plataformas de lanzamiento” están los colegios y los institutos o incluso las iniciativas personales y existen además clubs de poetas y clubs de lectura que pueden servir para eso sin robar las posibilidades a una inmensa mayoría de personas de entre 36 y hasta que Dios les permita componer letras y palabras según salgan de su alma, que para eso es la poesía.
Son ganas de inventar “cosas”. Es un “edadismo” prematuro intolerable. Eso, in-to-le-ra-ble