Carriola.26.04.26
LA “MENTIRA” EN LA INFANCIA

Dolores Armas
Lic. en Pisopedagogía
Una mentira no es más que una afirmación que alguien hace sabiendo que no es verdad. Es una conducta propia del ser humano y generalmente se utiliza como un mecanismo de defensa. Se suele recurrir a ella para obtener lo que se desea, protegerse de una sanción, ser aceptado socialmente, evitar ser juzgado, cuidar la intimidad y la autoestima, lograr lo que se desea, incluso por ser piadoso.
¿Por qué mienten los niños?
Normalmente, antes de los cinco años las mentiras no suelen ser intencionadas. Dejándose ir por su fantasía y sus deseos, unido a su dificultad para diferenciar la realidad, pueden faltar a la verdad, pero esto no debe ser preocupante. A partir de esta edad la mentira suele ser intencionada y tiene un fin claro. Es a partir de los doce años cuando se registran el mayor número de mentiras.
Quiero señalar que es en los círculos de relación cotidianos y más próximos donde se aprende esta conducta. Es frecuente escuchar a los padres y madres dando importantes lecciones morales a sus hijos acerca de la mentira y la verdad, y a esos mismos padres diciéndoles a sus hijos “cuando tu abuela te dé el regalo dile que te gusta” o “si es la vecina dile que estoy ocupada y que ahora no puedo ponerme”, de manera que les estamos enseñando que la mentira nos puede librar de alguna situación no deseable.
Detrás de la mentira suele haber una serie de problemas que el niño quiere tapar y una serie de consecuencias que quiere evitar. Pueden, gracias a ellas, evitar un castigo aunque sólo sea temporalmente; sortear alguna tarea o actividad que les resulta dificultosa o aburrida; mostrarse a los demás de un modo diferente a lo que son consiguiendo un cierto reconocimiento; ocultar algún temor o miedo; conseguir aquello que desean, o llamar la atención para captar la atención del adulto si se siente desatendido.
Cómo evitar las mentiras
En primer lugar el niño se debe encontrar en un ambiente donde no se usen las mentiras para resolver las situaciones cotidianas. Sobre todo con niños de corta edad, se acostumbra a contar mentiras para evitar algunas situaciones o explicaciones que nos parece no sabemos afrontar y así nos libramos de ellas en el momento, aunque finalmente acaban por descubrir que hemos mentido. También solemos hacer promesas o posponemos deseos de los niños a sabiendas de que no se podrán cumplir.
Del mismo modo, es de gran importancia procurarle un ambiente familiar tranquilo en el que pueda expresarse con libertad y encontrar las ayudas necesarias para resolver los pequeños problemas con los que se va encontrando en el día a día. Es muy positivo propiciarle un ambiente en el que no sienta miedo, ni encuentre castigos arbitrarios como consecuencia de sus errores y sus conductas fallidas. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, las consecuencias de las equivocaciones y conductas desacertadas deben ser naturales y adaptadas a la edad del niño y han de tener un fin educativo no meramente sancionador; de esta manera la tentación de mentir será menor.
Qué hacer ante la mentira
En primer lugar descubrir porque el niño ha tenido la necesidad de mentir, preguntar, encontrar la causa y hablar con él sobre otras posibles maneras que pudiera haber de resolver esa situación que le ha llevado a mentir. Los niños generalmente dan buenas alternativas con la ayuda de los adultos. Reflexionar acerca de las repercusiones que tiene en él y en otras personas la mentira que acaba de contar, evitando frases del tipo “prefiero que me cuentas lo que has hecho aunque sea grave, a que me mientas”. Se debe huir del castigo por mentir, pues lo único que conseguiremos es que la próxima vez la mentira sea más creíble y tenga menos posibilidades de ser descubierto. Otra situación a evitar es reñirle en público por haber mentido, se debe tratar el asunto con discreción sin necesidad de ponerlo en boca de familiares y amigos.
En general si el niño tiene confianza en su entorno, si reconocemos que la infancia es un tiempo para aprender y equivocarse, seguramente orientaremos con más acierto a los niños y estos no necesitarán de la mentira para sobrevivir.
(*) Colaboración dominical especial de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín