Lapetit
The current Bet365 opening offer for new customers is market-leading bet365 mobile app You can get a free bet right now when you open an account.

Los sábados, PENSANDO EN ALTO: De hecatombes naturales y respuestas humanas

Carriola. 04.06.26.

julio@carriola.es.

La Naturaleza nos pone a prueba

José Iglesias

Hay desgracias contra las que el ser humano poco puede hacer.

La Tierra lleva millones de años moviéndose. Las placas tectónicas chocan, se separan y, de vez en cuando, nos recuerdan que somos bastante más pequeños de lo que creemos. Si uno tiene la desdicha de vivir en una zona sísmica, sabe que ese riesgo existe. No lo decide ningún gobierno. No entiende de ideologías, de elecciones ni de fronteras.

Hasta ahí, la Naturaleza.

Lo que sí depende de los hombres es todo lo que ocurre después.

Porque un terremoto puede ser inevitable. La respuesta a ese terremoto, no.

Estos días, viendo las imágenes que llegan de Venezuela, uno no puede evitar hacerse una pregunta. ¿Cómo es posible que un país que prácticamente flota sobre una de las mayores reservas de petróleo del planeta tenga tantas dificultades para responder a una emergencia de semejante magnitud? No hablo de evitar el seísmo; hablo de disponer de equipos de rescate, bomberos, hospitales preparados, maquinaria pesada, logística y medios suficientes para atender a su propia población. Porque ahí es donde un Estado demuestra realmente para qué sirve. No en los discursos. No en los grandes desfiles. No en las ruedas de prensa. Sino cuando sus ciudadanos lo pierden todo y esperan que alguien aparezca para ayudarles.

Y cuando esos medios no existen o resultan claramente insuficientes, la pregunta es inevitable.

¿Dónde estuvieron durante años las prioridades? En un cajón olvidadas, o ni eso

Después llega, como siempre, la solidaridad internacional. Llegan aviones con ayuda humanitaria, equipos de rescate, médicos, organismos internacionales y voluntarios de medio mundo. Y me parece bien. Muy bien. Esa capacidad del ser humano para ayudar al desconocido sigue siendo una de las pocas cosas que me reconcilian con nuestra especie.

Pero, al mismo tiempo, esa solidaridad deja una reflexión que escuece, y mucho.

Mientras distintas investigaciones periodísticas y organismos especializados atribuyen al entorno de determinados regímenes fortunas de miles de millones de dólares y numerosos activos bajo investigación o sometidos a sanciones internacionales, hay pueblos enteros que dependen de la ayuda exterior para rescatar a sus propios ciudadanos.

Y entonces uno se pregunta algo que quizá sea ingenuo, pero no por ello menos lógico.

Si realmente existen bienes bloqueados o patrimonios que, tras un procedimiento judicial con todas las garantías, pudieran demostrarse procedentes de la corrupción, ¿por qué no existen mecanismos internacionales más eficaces para que esos recursos reviertan en la reconstrucción del país al que presuntamente fueron sustraídos?

No hablo únicamente de Venezuela.

A lo largo de la historia hemos visto demasiadas veces el mismo escenario. Países inmensamente ricos en recursos naturales, gobernados por regímenes de dudosa calidad democrática, dirigentes sobre los que pesan acusaciones de enormes fortunas y, al mismo tiempo, una población que, cuando llega una tragedia, carece de los medios más básicos para afrontarla.

Esa contradicción me resulta insoportable.

Porque la riqueza de un país no se mide solo por lo que esconde bajo el suelo. Se mide, sobre todo, por la capacidad de proteger a quienes viven sobre él.

Y ahí es donde, una vez más, el ser humano demuestra sus dos caras.

Somos capaces de enviar equipos de rescate a miles de kilómetros para salvar a un desconocido atrapado bajo los escombros. Pero también somos capaces de permitir que durante años existan sistemas donde unos pocos acumulen un poder y una riqueza inmensos mientras millones de personas carecen de lo más básico.

La naturaleza no distingue entre buenos y malos.

Pero los gobernantes sí eligen dónde invertir, qué priorizar y qué modelo de país construir.

Por eso, cuando termina el terremoto, comienza el verdadero examen.

El de quienes tuvieron durante años la responsabilidad de preparar a un país, a una sociedad, para el día en que llegara.

Porque los terremotos seguirán existiendo y no podemos hacer nada contra ellos

La corrupción, el abandono y la mala gestión... esos sí dependen exclusivamente de nosotros su erradicación.

Y los miles de desdichados, incluidos esos vecinos tan queridos que allá pueden haber quedado para siempre, solo podemos decir, en ese caso, …¡DESCANSEN EN PAZ!

Buena semana.

roslev