Carriola. 11.07.26.
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EL MOROSO Y EL CUMPLIDOR

José Iglesias
Esta semana se ha publicado la lista de los grandes deudores de la Seguridad Social. Ese peculiar ranking al que determinadas personas y empresas tienen el dudoso honor de pertenecer año tras año. Uno, que se pasa la vida observando lo que ocurre a su alrededor, no puede evitar indignarse al comprobar que, una vez más, en este gran país llamado España parece haber ciudadanos de primera y de segunda a la hora de cumplir con sus obligaciones.
Hace apenas un par de semanas, en una entidad en la que colaboro, recibimos una comunicación de la Agencia Tributaria. Venía a decir, con toda lógica, que uno de nuestros proveedores habituales tenía deudas con Hacienda y que cualquier cantidad pendiente debía ingresarse directamente en la Administración. Legal. Correcto. Nada que objetar. Llamé al rapaz, con quien además me une cierta amistad, para comentárselo. Me explicó que llevaba tres meses sin poder atender sus obligaciones porque varios clientes tampoco le habían pagado a él. Pidió un préstamo, regularizó la situación y asunto resuelto. Así funcionan miles de pequeñas empresas: viven prácticamente al día y un solo impago puede ponerlas contra las cuerdas.
Y entonces uno abre el periódico y se encuentra la lista de los grandes morosos. Ahí sigue Mario Conde después de tantos años. Ahí aparecen personajes conocidos , Isabel Pantoja, Bertín Osborne etc que continúan desarrollando su actividad profesional, concediendo entrevistas, actuando en televisión o llenando escenarios. Da la impresión de que deber millones a las arcas públicas no altera demasiado su ritmo de vida. Y a mi se me hace difícil entender como con semejantes deudas desde hace tantos años lleven una vida aparentemente normal. Mientras tanto, el pequeño empresario que se retrasa unos meses porque antes han dejado de pagarle a él, ve cómo la Administración actúa con una rapidez admirable. La confianza en el sistema fiscal no solo se basa en recaudar si no en que las reglas se apliquen igual para todos.
No cuestiono que la ley deba perseguir al pequeño incumplidor. Al contrario, debe hacerlo. Lo que me cuesta entender es cómo algunos acumulan deudas millonarias durante años sin que el ciudadano perciba consecuencias proporcionadas. Porque ese dinero no pertenece al Estado como si fuese un ente abstracto. Pertenece a todos nosotros. Es el dinero con el que se pagan pensiones, bajas laborales, hospitales, colegios o carreteras.
Revisando la relación de grandes deudores me llamó especialmente la atención encontrar antiguas promotoras inmobiliarias con proyectos que, vistos con un mínimo de sentido común, parecían condenados al fracaso desde el primer día. Una de ellas fue Polaris World, cuyo modelo de negocio giraba en torno a enormes urbanizaciones y campos de golf en una de las regiones con mayor estrés hídrico de España. Murcia. Basta pronunciar el nombre para que cualquiera se haga la pregunta: ¿de verdad nadie pensó que aquello podía acabar mal? Como casi siempre, detrás aparecían decisiones urbanísticas, licencias, intereses políticos y demasiadas expectativas de enriquecimiento rápido. ¿Les suena?
En total hablamos de más de 15.000 millones de euros pendientes de cobro. Una cifra difícil incluso de imaginar. No voy a repetir otra vez todo lo que podría hacerse con ese dinero, porque ya lo he escrito en otras ocasiones. Mi reflexión es otra. Quizá el verdadero problema no sea que existan morosos. Los habrá siempre. El problema es que demasiados ciudadanos tienen la sensación de que el sistema es implacable con quien tropieza y extraordinariamente paciente con quien debe millones.
Y esa sensación, amigos, es la que acaba erosionando la confianza en las instituciones.
Buena semana.