Carriola.13.09.26
(*) Colaboración dominical de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín coordinada por su vicepresidente José Carlos Otero López
INTELIGENCIA INTERPERSONAL

Dolores Armas
Lic. En Psicopedagogía
Las diversas definiciones existentes sobre la inteligencia interpersonal, resultado de las numerosas investigaciones que se han llevado a cabo en este prolífico campo de estudio, coinciden en entenderla como la capacidad de comprender y de interactuar eficazmente con los demás, teniendo en cuenta sus estados de ánimo, motivaciones, intenciones y sentimientos. Es, por tanto, la inteligencia que nos sirve para desarrollar nuestras habilidades sociales y nuestra empatía, permitiéndonos establecer y mantener relaciones así como asumir diversos roles según las circunstancias.
Una inteligencia interpersonal bien desarrollada permite a la persona interpretar las conductas e intenciones de los demás, incluso aquellas ocultas o subyacentes, y actuar en consecuencia; adaptar su conducta en base al contexto y grupo de personas; hacer uso de diferentes técnicas para relacionarse con los demás; comprender y comunicarse a través de mensajes verbales y no verbales; e influir sobre las opiniones y acciones de los demás. Según Gardner, es en los fuertes lazos materno – filiales que se crean desde el nacimiento de niño y en los sentimientos que los acompañan donde se encuentran los orígenes de la inteligencia interpersonal. Desde los primeros meses de vida se van desarrollando las habilidades interpersonales, especialmente la empatía y la interpretación de estados de ánimo. El niño en edad escolar ya es capaz de sobrepasar el ámbito familiar, entablando amistades y relaciones de igual a igual con otros, así como de reconocer las simples intenciones y motivaciones de los demás. Estas capacidades se van desarrollando a lo largo de la pubertad y adolescencia y así adquieren una sensibilidad social más profunda, un sentido más afinado de las motivaciones de los demás, una mayor consciencia de las competencias y faltas propias y una tendencia a ponerse en el lugar del otro y a conservar las amistades.Sin embargo, son habilidades que deben ser fomentadas tanto en el ámbito familiar como en el escolar pues una inteligencia interpersonal deficitaria puede acarrear graves problemas en la vida interior y social de una persona.
¿Cómo se manifiestan en los niños?
La inteligencia interpersonal se manifiesta en diversos grados y en multitud de aspectos, por lo que no existe un perfil rígido u homogéneo. Generalmente, los niños que presenta una inteligencia interpersonal más desarrollada presentan rasgos relacionados con el gusto por la interacción con los demás, tanto con sus pares como con los mayores. Ellos prefieren los trabajos en grupo, que requieren colaboración y cooperación; tienen en cuenta los sentimientos, posturas y opiniones ajenos; son buenos mediadores cuando surgen conflictos; son convincentes en las “negociaciones” con sus compañeros y adultos; les encanta liderar, organizar y hacer nuevos amigos; interpretan correctamente las expresiones faciales, los tonos de voz y los gestos y suelen recurrir al humor para hacer reír a sus compañeros. Todos ellos tienen características interpersonales que les permitirán manejarse a nivel social y afectivo de forma eficaz, así como establecer relaciones positivas a lo largo de su vida.
¿ Cómo podemos estimularla?
En el desarrollo de la inteligencia interpersonal interviene un largo proceso de maduración del conocimiento de uno mismo y del conocimiento de otras personas, activo a lo largo de toda la vida. Ya cuando somos bebés es necesario interactuar continuamente con ellos. Son capaces de imitar las expresiones faciales y presentar diferentes reacciones ante ademanes o gestos felices, tristes o airados, son las primeras expresiones de esta inteligencia. Luego, en el colegio, se debe optar por formulas organizativas y metodológicas que desarrollen estas habilidades mediante la organización cooperativa de actividades (corros, grupos interdisciplinares e interniveles, trabajo por parejas, tutoría entre iguales..) y el planteamiento de actividades orientadas a desarrollar la empatía, la escucha, la asertividad y la proactividad. Con los más pequeños, el uso de títeres, disfraces, fotografías, espejos, libros o películas resulta de gran utilidad para generar aprendizajes sociales, pues aprenden a ponerse en el lugar del otro a la vez que estrechan lazos con sus compañeros. En definitiva, las habilidades interpersonales se desarrollan siempre y cuando el proceso de aprendizaje se plantee como una actividad social. En el ámbito familiar, es muy positivo animarles a participar en actividades en grupo, fiestas y celebraciones; a convivir con sus compañeros, sea en excursiones o en campamentos; y a formar parte de un equipo deportivo, grupo musical o teatral. Todas estas actividades les ofrecen posibilidades para hacer amigos, socializar y empatizar, es decir, para madurar y acrecentar sus habilidades interpersonales.