Carriola.20.09.26
(*) Colaboración dominical de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín coordinada por su vicepresidente José Carlos Otero López
INTELIGENCIA INTRAPERSONAL

Dolores Armas
Lic. En Psicopedagogía
Íntimamente relacionada con la inteligencia interpersonal (o la capacidad de comprender y de interactuar eficazmente con los demás) se halla la inteligencia intrapersonal, aquélla que tal y como establece Gardner “está involucrada principalmente en el examen y conocimiento de un individuo de sus propios sentimientos”. De la conexión indisoluble entre ambas resulta la inteligencia emocional, la clave de una vida interior plena y equilibrada que comporta un alto grado de bienestar y satisfacción.
La esencia de la inteligencia intrapersonal se refleja en uno de los más famosos aforismos de la Antigüedad griega: “Conócete a ti mismo”, entendido como el requisito indispensable para acceder a la sabiduría filosófica. Conocerse a uno mismo supone conocer los pensamientos, sentimientos y emociones interiores, o lo que es lo mismo, conocer los aspectos internos del yo.
Una persona con una inteligencia intrapersonal desarrollada es aquélla que ha cultivado y perfeccionado un conjunto de capacidades que le han permitido conocerse y comprenderse a sí misma mediante el análisis y manejo de su mundo interior. La enorme diversidad de habilidades intrapersonales explica que no todas ellas se manifiesten en una misma persona. De este modo, ésta se definiría en base a algunas de las siguientes cualidades: tener una imagen individual precisa y ajustada a la realidad; conocer las intenciones, motivaciones y deseos propios mediante el análisis de los sentimientos, emociones y estados de ánimo; tener una alta autoestima y motivación para establecer y lograr objetivos en el marco de un proceso constante de aprendizaje, autoactualización y crecimiento personal; ser consciente de los conocimientos y limitaciones propios; ser capaz de trabajar de forma independiente; reflexionar sobre la complejidad del ser y de la condición humana y sobre el sentido de la vida; y vivir según un sistema de valores éticos.
¿Cómo se manifiesta en los niños?
Este tipo de inteligencia la descubrimos en niños que disfrutan con el aprendizaje independiente y autodirigido en el que ellos mismos se fijan objetivos. Les permite, además, procesar sus pensamientos y sentimientos, cumplir metas personales y desarrollar su autoestima, por lo que valoran un espacio propio y tiempo para ellos mismos. Les produce gran satisfacción alcanzar sus ambiciones personales y obtener las respuestas a los interrogantes que se plantean.
Esta inteligencia implica sentir curiosidad e interés por las experiencias internas, por el “yo interior”, por lo que se suele manifestar en los niños soñadores, imaginativos, reflexivos y organizados.
Cómo estimularla
Si bien la influencia de la genética, del ambiente y de las experiencias de los primeros años de vida es indudable, la inteligencia intrapersonal es susceptible de ser aprendida y perfeccionada a lo largo de la vida mediante la estimulación de las capacidades y habilidades que la constituyen. Como en todos los aspectos que forman parte de la educación de un niño, familia y escuela son dos pilares fundamentales en el desarrollo de las inteligencias personales. Pero además, unos entornos enriquecedores, positivos y motivadores son la clave para un crecimiento personal pleno y satisfactorio tanto en el aspecto emocional, como en el físico e intelectual.
En el ámbito familiar, su estímulo puede llevarse a cabo teniendo en cuenta los “cinco pasos fundamentales de la preparación emocional” definidos por John Gottman y Joan de Claire en su libro, Inteligencia emocional y el arte de educar a nuestros hijos. En primer lugar se hace necesario que el niño distinga e identifique sus emociones, para luego reconocer que cada emoción es una oportunidad de descubrimiento y transmisión de experiencias. Luego será necesario legitimar dichos sentimientos del niño con empatía; ayudarles a nombrar y verbalizar sus estados emocionales; y por último mostrar los límites y proponer vías para que el niño, por sus propios medios, resuelva sus problemas emocionales.
En la escuela, la “alfabetización emocional” ha de tener un carácter transversal, es decir, ha de estar presente en todas las materias que componen el currículo. Esto es posible mediante la aplicación de estrategias en los procesos de enseñanza – aprendizaje orientadas a la madurez y enriquecimiento emocional. Centrándonos en la inteligencia intrapersonal, métodos favorables a su desarrollo serían, por ejemplo: el trabajo independiente; el fomento del pensamiento y espíritu críticos así como de la toma de decisiones mediante actividades como debates, juegos de rol y autoevaluaciones; la elaboración de diarios personales como puerta de acceso al mundo interior; el respeto de los diferentes ritmos de aprendizaje; y la oferta de diversas actividades y temáticas que satisfagan sus intereses y motivaciones.