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Comienza la demolición de la casa de Concha "Caralavada" en Méndez Núñez

Carriola. Redacción. 14.10.2026

Una empresa constructora ejecuta los trabajos por encargo de los propietarios, después de los requerimientos realizados por el Concello
 
Una empresa constructora ha iniciado la demolición de la casa de Concha Sanjorge Couso, la popular Concha «Caralavada», situada en la calle Méndez Núñez y vinculada durante décadas a uno de los rincones más reconocibles del centro urbano de Marín. Los trabajos se ejecutan por encargo de los propietarios del inmueble después de los requerimientos realizados por el Concello para que se actuase sobre la edificación.
 
Una vez concluido el derribo y retirados los restos de la vivienda, la propiedad deberá cerrar el solar mediante un muro de bloques, tal y como exige el Ayuntamiento. El terreno continuará así separado de la plaza situada junto al Museo Manuel Torres y no se incorporará, al menos por el momento, al espacio de uso público.
 
Un rincón ligado a su memoria
 
Más allá de la desaparición física del inmueble, la actuación afecta a un lugar estrechamente unido a la memoria de Concepción Sanjorge Couso, una de las figuras populares más recordadas del Marín del último siglo. Concha falleció en abril de 2018 y dejó su nombre asociado para siempre a aquel espacio, antiguamente conocido como plaza del Muelle Viejo. Su presencia cotidiana, las flores con las que daba color al lugar, las conversaciones junto a la casa y los gatos a los que alimentaba hicieron que varias generaciones de marinenses terminasen refiriéndose a aquel rincón como la plaza de Concha.
 
Una vida marcada por el trabajo
 
Aunque todo Marín la conocía como Concha «Caralavada», el apodo procedía en realidad de la familia de su marido, mientras que ella pertenecía a la saga de los «Pardillos». Fue la mayor de ocho hermanos y comenzó a trabajar siendo todavía muy joven, primero limpiando viviendas y más tarde como estibadora en el Muelle Comercial, una ocupación especialmente dura que empezó a desempeñar cuando apenas tenía 16 años. En 1943 se incorporó a la fábrica de conservas Luis Núñez Maestú y tres años después contrajo matrimonio. Fue madre de nueve hijos y trabajó sin descanso para sacar adelante a su familia, especialmente después de que su marido sufriese un grave accidente laboral que le provocó la pérdida de un brazo.
 
El alma de las fiestas populares
 
Las dificultades nunca apagaron un carácter vitalista que la convirtió en una presencia habitual en la vida social de la villa. Impulsó la creación de la comisión de fiestas de su barrio, que llegó a presidir durante seis años, y en las épocas en las que nadie quería asumir la organización recorría personalmente comercios, bares y viviendas para reunir el dinero necesario y evitar que Marín se quedase sin festejos. También mantuvo una especial devoción por San Antonio y ahorraba durante el año para que cada 13 de junio sonasen en su honor las tradicionales bombas de palenque.
 
Concha figuró asimismo entre las personas que apoyaron la recuperación del Enterro da Sardiña en 1976, cuando el Ateneo Santa Cecilia devolvió a las calles una celebración que había permanecido prohibida durante la dictadura. El Entroido fue siempre una de sus grandes pasiones y protagonizó uno de sus momentos más recordados en 2012, cuando apareció caracterizada como la duquesa de Alba durante un multitudinario pregón celebrado en el centro de Marín.
 
Ese mismo año se convirtió en la primera persona homenajeada con los Premios Facendo Historia, creados por el Club de Opinión Portocelo para reconocer a marinenses y colectivos comprometidos con la vida social, cultural y económica de la villa. El galardón distinguió a una mujer trabajadora, espontánea y profundamente unida a su pueblo, capaz de convertir el espacio situado delante de su casa en un lugar de encuentro para varias generaciones.
 
Una oportunidad perdida, de momento, para ganar espacio público
 
La demolición abre también un debate urbanístico que va más allá de la desaparición de la vivienda. El Concello no ha sido capaz de alcanzar una solución, mediante un acuerdo de compra o a través de un procedimiento de expropiación, que permitiese incorporar el terreno a la plaza del Museo Manuel Torres y aumentar la superficie pública de este céntrico espacio.
 
Al tratarse de una propiedad privada, cualquier incorporación requeriría una negociación con los dueños o la tramitación de una expropiación debidamente justificada y acompañada de la correspondiente compensación económica. Sin embargo, el resultado inmediato será que la casa desaparecerá, pero la plaza no ganará un solo metro cuadrado. El muro de bloques exigido para cerrar el solar volverá a marcar la separación entre ambos espacios y aplazará cualquier posibilidad de ampliación.
 
El solar frente a la casa, de 8000 metros cuadrados, otra asignatura pendiente
 
La situación resulta todavía más llamativa al contemplar el gran solar situado enfrente, entre Méndez Núñez, A Roda, A Estrada y el entorno del colegio de la Inmaculada. Se trata de una superficie cercana a los 8.000 metros cuadrados, repartida entre numerosos propietarios y conocida popularmente como el «solar de las monjas», que continúa ofreciendo una imagen de abandono, con escombros, vegetación descontrolada y suciedad.
 
Su estado resulta especialmente difícil de justificar por encontrarse a escasos metros de la Casa Consistorial, del Museo Manuel Torres y de la Alameda, en uno de los puntos más transitados y visibles del casco urbano. La parcela lleva años generando críticas y propuestas que no han llegado a traducirse en una transformación efectiva. Ya en 2017 se anunciaba la intención de limpiar y humanizar el espacio después del derribo de las antiguas edificaciones; en 2019 el Gobierno local reconocía que esperaba la llegada de la iniciativa privada y posteriormente se plantearon acuerdos temporales con los propietarios para habilitar una zona verde, espacios de ocio o un aparcamiento provisional, algo que nunca llegó a cuajar.
 
En abril de 2025 quedó aprobada definitivamente la modificación del PXOM que permite desarrollar la manzana con viviendas, una zona verde, un equipamiento público y un nuevo vial. Pese a ello, la actuación continúa pendiente de que la iniciativa privada dé el primer paso y el solar mantiene una imagen impropia de su privilegiada situación.
 
El derribo de la casa de Concha «Caralavada» vuelve así a poner el foco sobre la gestión de todo el entorno de Méndez Núñez. A un lado de la calle se levantará un muro sobre una parcela que podría haber servido para ampliar la plaza del Museo; al otro permanece sin resolver una de las mayores bolsas de suelo del centro de Marín, cubierta de escombros y vegetación. Dos espacios diferentes, pero una misma sensación de oportunidad desaprovechada a pocos metros del Ayuntamiento.
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