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De “San Giao dos Ancorados” al primer Marín de entonces

Entresacando datos de la Pequeña Historia de Marín.

J.S.P.

 Hoy vamos a recuperar el hilo histórico de la narración que Don José Torres Martínez nos dejó escrita en su “Pequeña Historia de Marín” y de la que estamos en Carriola empeñados en desempolvar sus textos para quien no tenga ocasión de leer o poseer el mencionado libro.

Días atrás nos fijamos en la trayectoria de Don Diego de Arias, señor del Coto de Marín por donación real que, tras enviudar, meterse fraile, escapar del monasterio, acogerse entre los Caballeros Hospitalarios y fallecer dejando el litigio entre éstos y los frailes de Oseira por la propiedad de dicho Coto. También apuntamos que los Nobles de aquellos tiempos se hicieron dueños a la fuerza de lo que era de los monasterios y del sufrimiento de los de Oseira que tragaban carros y carretas porque la espada era la espada, hasta que el abad de Osera consiguió de los mismísimos Reyes Católicos que las cosas se pusieran en su sitio y, a cada quien lo suyo. Algo sacaron en blanco los Hospitalarios porque tras los pleitos reiterados y las decisiones de los Tribunales, se hicieron con alguna de las propiedades que Don Diego había dejado en su tierra natal del Deza. Aquello era poco para la pretensión de los caballeros, pero, algo era algo.

Y Don José Torres nos cuenta la evolución inicial de Marín y su puerto. Señala que “La limpia y espaciosa bahía formaba un claro y prolongado arco de la costa, extenso y dilatado arenal ligeramente interrumpido por las Pedras da Mouta y la de Canto da Area que se alarga desde Punta Pesqueira hasta la de Placeres. En este arenal se abrían las desembocaduras de los ríos Gudín y Lameira, dando lugar esta última en pleamar a una pequeña ría que servía de dársena de refugio para toda clase de embarcaciones”.

El puerto desde el principio gozó de la atención de los buques que realizaron un creciente movimiento lo que causó un notable incremento de población en su entorno. Pero todavía no se denominaba Marín, sino “San Giao dos Ancorados”, aludiendo a la primitiva parroquia de San Julián, que es la más antigua del término municipal, y que comprendía todo el valle sobre el que hoy se asienta la villa. Señala Torres que aún hoy existe el topónimo de “Coirados” que es derivado de Encorados o Enncoirados, a su vez salientes del primitivo vocablo Ancorados.

Poquita cosa era aquello antes del siglo XII. Se limitaba a una línea de casas sueltas a uno y otro lado del río Lameira y se fueron formando pequeños núcleos como el del “Puerto de Marín, formado por Banda del Río, Ribera, Veiguiña y Calzada; Puerto Zapal en Busto de Arriba y Busto de Abajo; Puerto Gudín con La Mouta y Tombo y, finalmente, Pousos da Area identificado hoy con Cantoarena”. A medida que se fueron unificando estos núcleos de población, el conjunto empezó a denominarse Marín que el profesor Torres atribuye a un “vocablo de origen latina derivado de mare, que alude a que la villa está edificada sobre un leve promontorio que, a  manera de cuña, se introduce en el mar”.

Fue a mediados del siglo XII cuando los monjes de Osera levantaron varias edificaciones para residencia o balneario, almacenes de pescado y otras dependencias y ampliaron sensiblemente la primera ermita de “Nosa Señora da Guía” para celebrar sus cultos. Los de Oseira administraron el señorío recibiendo rentas tanto de la tierra como del mar, de todos los pobladores del coto cuya primera delimitación, según señala nuestro insigne profesor,  “abarcaba aproximadamente la superficie actual del casco urbano empezando  en el Río y arroyo del Puerto de Gudín y de allí viene

Diecinueve mojones dividían la demarcación de la también conocida como “Granja de Marín” de la parroquia de San Xulián y en la primera estaban incluidos el caserío del Busto de Arriba, el lugar de San Xurxo anejo a Santo Tomé de Piñeiro así como la granxa de La Cuesta (hoy finca de Briz), y el lugar de la Pesquera con la Granxa de Raposeiras mientras que la jurisdicción marítima llegaba hasta el límite de la feligresía de San Juan de Poio, quedando incluida en ella toda la bahía.

Este capítulo de la formación inicial de Marín en la obra de Don José Torres, termina con el recuerdo a los marinenses que lucharon en la conquista de Sevilla finalizada en noviembre de 1248. Cuenta que, marineros de este entorno dirigidos por  Gómez Charino, participaron en aquella reconquista y, a su regreso, después de terminada la guerra “los tripulantes marinenses levantaron entonces en honor del papa mártir San Clemente una ermita en el islote situado frente a la Punta de Casás, para recordar de esta manera la fecha de la gloriosa gesta del Guadalquivir”. Hoy nos situaríamos en le Praia do Santo, aunque lamentablemente, de aquella ermita quedan solo cuatro piedras encerrando su vieja historia.

Recurriremos en próximos  días al saber que dejó escrito nuestro profesor José Torres. Vale la pena

 

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