Carriola. Redacción.26.01.25.
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Es una obra iniciada en tiempos del alcalde “Toneco” cuando el Concello de Bueu otorgó una licencia urbanística de construcción de esta edificación destinada a albergar varios apartamentos que fue paralizada, en su día, por la acción del ayuntamiento marinense.
En su momento fue una obra muy polémica tanto por su situación, en las proximidades de la Playa de Lapamán, como por su estructura como, por supuesto, su ubicación en terreno correspondiente al concello de Marín. El propietario consiguió una licencia de construcción en el ayuntamiento de Bueu y se puso manos a la obra pero se encontró con el rechazo del gobierno local de Marín que reclamó, con todo su derecho, la naturaleza marinense del terreno con lo que hubo que solicitar a la autoridad competente que marcara la línea de límite entre los dos municipios que dio la razón al marinense.

Pero a pesar de esa realidad, el propietarios continuó con la obra y con la pretensión de consolidar el edificio que no consiguió rematar por la prohibición que pesaba sobre él. Y así quedó, convertido en un esquelético fantasma urbanístico que se dedicó desde entonces a albergar coches como aparcamiento durante el verano, pasando los años con orden expresa de derribo sin que se pudiera comprender la indiferencia de ello hasta que el Juzgado obligó a la APLU (Axencia da Legalidade Urbanística de Galicia) a proceder al derribo de manera inexcusable cosa que se demoró hasta ahora en que desde hace unos días, se lleva a cabo el desmantelamiento de la edificación con un coste de cerca de 200.000 euros que, en teoría, repercutirá en la economía del propietario aunque la sentencia judicial hace subsidiaria también a la APLU. Pero ese sería otro pleito. En este caso, la legalidad urbanística ganó la partida.