Carriola. J.S.P..02.02.25.
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Nos lo hemos topado ayer en Marín. Está disfrutando de unos días de vacaciones junto a sus padres y hermanas y pronto retornará a la Austria que lo acogió para facilitar su formación artística en un ambiente adecuado y sin más limitaciones que las propias

Se llama Felipe Meijueiro, los marinenses le conocemos o le conocíamos porque desde que tenía tres años quien más quien menos le ha visto evolucionar en los escenarios infantiles de gimnasia rítmica y ballet progresando de forma asombrosa cada poco tiempo. Hoy, hecho ya un mozo, sigue reconociéndose un alumno del arte del baile y la danza clásica pero se mueve en los ámbitos adecuados para pronto convertirse en una estrella de este difícil arte aunque es consciente de que necesitará suerte y esfuerzo propio sin límites. Pero es tal su ambición artística que, para él, las palabras esfuerzo o sacrificio no son mas que escalones para intentar la gloria.
Empecé en la gimnasia rítmica
“Cuando tenía tres años empecé a dar mis primeros pasos en la gimnasia rítmica; en realidad tienen poco que ver con el ballet pero no cabe duda que es un primer escalón. Todo surgió en mi propia casa. Mis padres nos dijeron que teníamos que escoger un deporte y yo me decidí por probar en la gimnasia. Fue un acierto” - me explica Felipe que añade: “Después, se abrió en Marín el Ballet de Galicia de Diego Landín y me decidí a probar; me gustó y fui progresando de la mano de Diego y participando en galas y competiciones y cada vez me involucré más en esto hasta que en una competición en Madrid se me invitó a audicionar para ir a la Escuela de Viena... y aquí estoy ahora”.
Es un camino difícil y largo que pocos pueden seguir
Felipe reconoce que el camino es difícil “Sí, en realidad es difícil para la mayoría pero mi caso fue especial porque cuando me inicié en la rítmica ya puse la base del futuro porque me encantaba aquella gimnasia. Estuve en clubs como el “Rías Baixas”, el Inmare aquí en Marín, y el “Saraiba” de Poio... y conmigo también estaban otros muchos niños y niñas pero la gran mayoría acaban dispersándose abandonando o dedicándose a otras actividades lo que es lógico porque tomar el rumbo para niveles superiores requiere mucho compromiso personal y verdadera vocación”.

Entrenar mucho física y mentalmente
A los doce años se inició Felipe en el ballet: “No tenía nada que ver con la gimnasia rítmica pero a mí enseguida me marcó. Es otra cosa completamente distinta y exige mucho entrenamiento y mucho esfuerzo físico y mental, exigencia que en mi caso no es ninguna cosa imposible porque es mi afición y mi vocación. Eso sí, hay que autocomprometerse y seguir los consejos de quien te exige desde fuera. A mí me resulta, si no fácil, sí factible porque conozco mi necesidad y también reconozco que quien me exige es porque me quiere y desea ayudarme a avanzar con confianza en lo que soy y esperanza en lo que puedo ser. A mí me motiva la presión propia y la externa y soy consciente de que sin ellas nada es posible en este mundo artístico. Es necesario reforzarte tanto física como moralmente; a veces estás seis horas delante de un espejo viéndote, analizándote y corrigiendo lo que no haces con a exactitud exigida y, si lo consigues aumenta, desde luego la autoestima”
Viena un paraíso de la danza
Nuestro Felipe se encuentra en el corazón europeo del ballet “Sí, estoy en Viena, que es una escuela muy antigua y prestigiosa de Europa que se concentra mucho en el ballet y cuenta con la escuela y con la compañía enorme con un teatro precioso y creo que tengo mucha suerte en participar allí en mi formación”
La intensidad del día a día
Un día normal de la vida de Felipe Meijueiro en Viena es siempre intenso “A las siete de la mañana - nos asegura -me despierto y tras el aseo y el desayuno toca entrenar y de inmediato empieza la primera clase que dura hora y media. Un descanso y a la segunda clase con prácticas específicas de pasos giros y demás; otro pequeño descanso y a la siguiente clase para pasar luego al gimnasio para terminar la jornada. Luego toca estudiar on-line y volver al gimnasio... y asi un día y otro sin perder comba. Te puedo asegurar que esta intensidad y disciplina es también un valor para llevar adelante mis estudios, es como un añadido de energía positiva”.
Cuando danzo solo pienso en la danza
No todo es preparación “Claro, también tenemos actuaciones constantemente, se organizan “matinés” que son galas parecidas a las que hacemos aquí en el fin de curso, que encierran un gran nivel de danza y ahí actuamos ante el público que es nuestra ilusión mayor".
Hablando de público, Felipe asegura que, cuando está actuando en un teatro, solo sabe que está allí la gente “Pero no pienso en el público. Cuando estoy en el escenario solo veo eso, el escenario, lo demás está oscuro y, aún sabiendo que no estoy solo, vivo el momento como si lo estuviera. Eso sí, el público no se ve pero se oye cuando haces las cosas bien y te premian con sus aplausos”.

¿Y el futuro de Felipe?
Nuestro artista tiene los pies en el suelo en el ámbito de su aprendizaje y preparación pero también sus ilusiones de futuro. Sueña con convertirse en una estrella de la danza, como es lógico, aunque no lo quiera decir así, y tiene una gran ilusión en participar en el concurso más importante el “Prix de Laussane” . “En este momento es uno de mis mayores deseos, poder participar y en eso trabajo para intentar estar presente que no es nada fácil por el altísimo nivel y por la exigencia en la selección: sería cumplir un gran sueño”.
Tanta exigente preparación resulta fundamental de cara al futuro. Felipe quiere ser profesional en la danza. “Por supuesto - añade - mi deseo es dedicarme a la danza plenamente. En realidad tengo algunos contactos interesantes con compañías importantes pero antes debo finalizar mi graduación que para ello faltan aún dos años porque ya me subieron de grado y, después, tengo dos opciones: entrar en una compañía juvenil de preparación para el mundo profesional o conseguir estar ya en una compañía directamente, y solo lo lograré audicionando en muchos sitios y países y esperar a que me acepten... Pero el problema es que a cada audición van cien personas y suelen coger a tres o cuatro. Pero yo me veo futuro, personalmente porque espero estar entre los escogidos”.

Unos días de descanso en familia
Felipe disfruta estos días de descanso con su familia. En realidad es un descanso relativo porque ayer charlamos con él tras salir del Ballet de Galicia donde estuvo toda la mañana entrenando, pero la cercanía de su familia es un bálsamo para su espíritu “Mis padres son mi apoyo principal. Entiendo que dejarme ir solo a Viena con catorce años a una residencia y a estudiar alemán puede resultarles muy fuerte pero siempre me han apoyado porque reconocen mi esfuerzo y mi pasión por lo que hago y por eso han puesto de su parte todo lo posible y me dan todo lo que pueden”.
Este fenómeno del ballet es aún un adolescente pero con la madurez propia de un adulto responsable. El mundo, tan joven, le está enseñando la vida a pasos agigantados y estamos seguros, tanto como es nuestro deseo, de que consiga sus metas. Estos días, a pesar de los entrenamientos que hace en el Ballet de Galicia para no perder comba, tendrá el dilema de la estricta alimentación que sigue cotidianamente porque no le será fácil dejar a un lado las viandas que Sandra, su madre, intentará ponerle en el plato, para que se recupere de ensaladas austríacas y tantas “comidas sanas” cada uno de los días que está aquí sabiendo de sus gustos. ¡Ay las madres!.
Suerte Felipe, te lo mereces, y tennos al día de tus seguros éxitos de futuro.