CARRIOLA DE LA OPINIÓN: El horario del 31.12
Carriola.17.12.25.
julio@carriola.es.
Marín, me quitas las ganas

Luis Vilas
Hace unos días me llegó un pantallazo por whatsapp; una foto a lo que parecía una esquela, pegada a la puerta de un bar con el siguiente encabezamiento
"LA NOCHE DE FIN DE AÑO EN MARÍN.

DESCANSE EN PAZ"
La esquela incluye un texto irónico pero cargado de aflicción que, por resumirlo de alguna manera, da por muerta la fiesta en Marín, en concreto la de Fin de Año a causa de las limitaciones horarias impuestas desde el gobierno local. El texto se cierra con el anuncio, todavía más doloroso, de que ese negocio hostelero, en señal de protesta, decide que no abrirá sus puertas esa noche.
A esto llegamos. El cansancio ante imposiciones incomprensibles nos lleva a tirar la toalla. Pero ¿por qué antes sí se podía alargar la actividad hostelera en esta noche y ahora no?
No hay que remontarse en modo nostálgico a un pasado dorado, ni a épocas de Vergeles ni de Chapises. En la nochevieja de 2022 no se produjo ningún aviso previo por parte de la Policía Local a los bares ni bando municipal sobre horas de apertura y cierre. Los años anteriores tampoco. Es más, en la Nochebuena de 2023, los negocios que abrieron no se encontraron con ninguna traba horaria.
Fue el 28 de diciembre de 2023, sin que hubiera ningún precedente, cuando los bares de Marín recibieron la visita de la Policía Local informando de que la actividad para la noche de Año Nuevo se reducía a las 5 de la madrugada como límite de cierre. ¿Esto qué es? ¿una broma por los Santos Inocentes?, se preguntaron hosteleros cuando se empezó a correr la voz.
Repito, una decisión sin precedentes, sin dar ninguna justificación clara y, para más inri, comunicada de un modo chapucero: a unos se les dijo que a las 4:30, a otros que a las 5:30, sumando o no la media hora de desalojo. Es decir, un despropósito.
Al consultárselo personalmente a la concelleira Marián Sanmartín, su respuesta fue simplemente que se debía al cumplimiento de la normativa autonómica y que “la ley es la ley”. Una normativa a la que nunca se acudió en las nocheviejas anteriores. Una normativa (como las anteriores) que siempre se obvió.
A pesar de las quejas de los hosteleros, el Concello finalmente impuso el toque de queda a los bares a las 5:30 (más media hora de desalojo), es decir, una hora más de lo indicado en la normativa, y por lo tanto incumpliéndola. El resultado de esta imposición horaria fue la decepción y el cabreo de la mayoría de los hosteleros, por un lado, y por el otro, el desencanto de los clientes, perdidos por Marín sin saber dónde meterse.
Entre rumores y especulaciones al final acabó trascendiendo la causa real que motivó la decisión del Concello. Al parecer, durante la nochebuena del 2023 en cierto local se produjo un altercado protagonizado por chavales, una pelea de niñatos. Tuvo que intervenir la Policía, tanto local como nacional, informando además que ese establecimiento excedía con creces su aforo.
Y este suceso acontecido en un local concreto, ¿justifica la decisión tomada por el Concello? Yo creo que no; porque esta resolución y el exceso de celo en su aplicación suponen un castigo por partida doble.
Por un lado, para los hosteleros. Debido a la negligencia, la imprudencia o a la irresponsabilidad de un hostelero, que permitió que la fiesta se le fuera de las manos, sin control de lo que acontecía en su negocio, las represalias se las comen todos. Hala, a joderse justos por pecadores. ¿O está diciendo el Concello que todos los hosteleros son unos irresponsables que no saben controlar su negocio en una noche como ésta? Resulta insultante.
Y por otro lado es un castigo a la clientela, a los “usuarios de la hostelería”, a los marinenses en general, los de 20, 30, 40, 50 y más años, los que deciden quedarse y salir en Marín, ya sea en pareja, en pandilla o incluso solo, porque sabe que en sus bares habituales va a encontrar gente con la que pasarlo bien. ¿O está diciendo el Concello que la gente de Marín no se sabe comportar a partir de cierta hora? ¿O que a partir de cierto número de copas los marinenses se convierten en un peligro público? Resulta igualmente insultante.
Por todo esto, retomando el punto de partida, que un bar, a causa de los recortes horarios, llegue al extremo de preferir cerrar la noche de fin de año antes que trabajarla, es todavía más triste. Una de las pocas ocasiones al año que tiene Marín de que la gente se quede en masa por nuestras calles y bares. Y es lo que significa esa esquela: nos siguen castigando después de dos años, y lo único que pedimos es que se nos deje trabajar en paz.
Para finalizar comento que en el último pleno municipal (jueves 11 de diciembre) la alcaldesa María Ramallo fue preguntada por ello, por los horarios para la hostelería en la noche de Fin de Año. Su respuesta fue la de que “hay una normativa marcada y esa será”. También apuntó que estuvo revisando en la historia reciente y “ningún alcalde anterior firmó ninguna normativa extraordinaria” y que ella iba a hacer lo mismo. (Minuto 51:35)
Según esto, recomiendo a la alcaldesa que no firme ninguna normativa extraordinaria (¿para qué?), como tampoco lo hicieron ninguno de los alcaldes anteriores. Pero del mismo modo, que tampoco envíe a los agentes locales a modo de preaviso de horarios límite para la noche de fin de año. Simplemente dejen hacer, dejen trabajar como dejaron los anteriores alcaldes o la propia Ramallo, hasta la Nochevieja de 2023.
Que estamos en Marín; no en Las Vegas.
No nos quitéis las ganas.