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Los sábados, PENSANDO EN ALTO: Los virus, los que saben... y los “otros”

Carriola. 16.05.26.

julio@carriola.es.

Hantavirus, miedo y el eterno circo

José Iglesias

Tengo la sensación —más bien la certeza— de que como sociedad no aprendemos absolutamente nada de nuestros errores.

Nada.

Nos tropezamos siempre con la misma piedra. Y lo más curioso es que ahora tenemos muchos más medios técnicos, científicos e intelectuales que hace décadas. Más información. Más tecnología. Más capacidad de reacción.

Y, sin embargo, seguimos actuando igual.

O peor.

Es evidente que la globalización tiene consecuencias. Cuando uno puede cruzar medio planeta en pocas horas, las enfermedades también viajan. Es lógico. Normal. Forma parte del mundo moderno.

Lo raro sería lo contrario.

Y aquí quiero dejar algo claro.

A Dios gracias, este país tiene profesionales sanitarios de primerísimo nivel. Gente extraordinaria en hospitales, laboratorios, servicios de emergencia, Fuerzas Armadas, UME y cuerpos de seguridad. Personas preparadas, serias y acostumbradas a trabajar bajo presión mientras otros simplemente hablan. Sois los mejores. Gracias eternas!!

Porque cuando llegan los problemas de verdad, los que sostienen esto no son los tertulianos.

Son ellos.

El problema empieza después.

Cuando arranca el circo.

Porque los medios de comunicación hace tiempo que dejaron de informar para pasar a alarmar.

Ese es el negocio.

El miedo da audiencia.

Y entonces empiezan los titulares apocalípticos, las conexiones en directo, las músicas de tensión y hasta cadenas poniendo cuentas atrás, como si un asteroide fuese a impactar contra la Tierra.

Todo dramatizado.

Todo exagerado.

Todo urgente.

Y aparecen los de siempre.

Esos “expertos” universales que lo mismo te hablan de hantavirus que de fútbol, de geopolítica, del cambio climático o del viaje a Marte.

Da igual el tema.

Ellos saben de todo.

O, mejor dicho, opinan de todo.

Que ya es bastante distinto.

Porque hoy el conocimiento importa menos que la presencia.

Lo importante es salir.

El minutito de oro.

La frase impactante.

La cara conocida.

Y después llegan los otros.

Los peores.

Los políticos oportunistas.

Esos que aparecen con chalecos técnicos recién estrenados para hacerse la foto en el puerto, en el aeropuerto o donde toque ese día. El presentón permanente.

Que si uno va porque “hay que estar”.

Que si el otro critica porque “solo va para la foto”.

Que si comparecencias, ruedas de prensa, declaraciones solemnes y gestos estudiados delante de una cámara.

Y mientras tanto, los profesionales trabajando.

Como siempre.

Sin focos.

Sin tertulias.

Sin postureo.

Os lo digo sinceramente.

El hartazgo que tengo con esta forma de funcionar empieza a ser difícil de soportar.

Porque uno ya no sabe qué cansa más:

si la enfermedad…

o el espectáculo que se monta alrededor.

Y quizá ahí esté el verdadero problema de fondo.

No en el virus.

Sino en la incapacidad de esta sociedad para gestionar las cosas con serenidad.

Todo tiene que convertirse en drama, en ruido, en espectáculo instantáneo.

Vivimos en la era de la alarma permanente.

Y cuando todo es urgente…
nada termina siendo importante.

Mientras tanto, los ciudadanos normales intentan distinguir qué parte es información y qué parte es puro teatro.

Cada vez más difícil.

Y así seguimos.

Tropezando una y otra vez con la misma piedra.

Solo que ahora la piedra tiene conexión en directo, hashtag y tertulia nocturna.

Un saludo

roslev