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PENSANDO EN ALTO: ... Residencia de asistidos

Carriola. 26.09.26.

julio@carriola.es.

¿Y POR QUÉ NO EN EL RURAL?

 

José Iglesias

Esta semana voy a permitirme pensar en alto con dos sombreros puestos. El habitual, el de vecino de Marín que observa, escucha y, algunas veces, quizá demasiadas, se hace preguntas. Y otro que llevo desde hace algún tiempo: el de presidente de la Comunidad de Montes de San Xulián.

Hace unos días leía aquí, en Carriola una  noticia. La Xunta de Galicia contempla la construcción en Marín de una residencia para personas dependientes, un centro de más de cien plazas, y el Concello trabaja ya en la búsqueda de unos terrenos adecuados que poner a disposición de la Administración autonómica.

Magnífica noticia.

Y como todavía hay que encontrar esos terrenos, supongo,  voy a cometer la imprudencia de hacer una propuesta.

¿Y por qué no en Pardavila?

Concretamente, en los terrenos de la antigua cantera, actualmente propiedad de Urbaser.

Y aquí aparece un dato que convierte esta idea en algo más que una ocurrencia de quien escribe estas líneas: los terrenos de la antigua cantera están clasificados en el PXOM como suelo rústico de uso dotacional.

Es decir, no estoy proponiendo llevar una residencia a un lugar pensado para usos industriales ni pidiendo que se fuerce el planeamiento para hacerla posible. Precisamente hablamos de un suelo cuya calificación permite plantear una infraestructura de carácter dotacional como esta.

Por eso mi propuesta al Concello es concreta: estudien la adquisición de los terrenos de la antigua cantera de Pardavila y su puesta a disposición de la Xunta para construir allí la futura residencia de personas dependientes de Marín.

Naturalmente habrá que elaborar proyectos, solicitar informes y cumplir todos los requisitos técnicos, ambientales y sectoriales que correspondan. Como en cualquier obra de esta importancia. Pero el punto de partida urbanístico existe.

Y resulta, cuando menos, curioso.

Hace unos meses defendíamos que allí no debía instalarse una actividad industrial relacionada con la gestión de residuos precisamente porque aquello no es suelo industrial, sino dotacional.

Pues bien.

Si es dotacional, démosle un uso dotacional.

Y se me ocurren pocos mejores que cuidar a nuestros mayores.

Espacio hay.

Y mucho.

Suficiente para levantar una residencia moderna, rodearla de una amplia zona verde, crear lugares agradables para las familias que acudan a visitar a sus mayores y disponer de aparcamiento sin tener que convertir cada visita en una competición para encontrar dónde dejar el coche.

Además, hablamos de una residencia destinada a personas con grados importantes de dependencia. Por desgracia, muchos de sus usuarios no necesitarán tener una calle comercial a cincuenta metros ni una cafetería al doblar la esquina. Necesitarán otras cosas mucho más importantes: buenos cuidados, tranquilidad, luz, espacio y un entorno agradable.

Y de eso, en San Xulián, todavía tenemos bastante.

La antigua cantera está junto al monte comunal, rodeada de naturaleza y, paradójicamente para tratarse de una zona rural, magníficamente comunicada. La circunvalación se encuentra a unos 150 metros, lo que permite una conexión rápida tanto con el centro de Marín como con Pontevedra y, algo especialmente importante en una instalación de estas características, facilita los traslados hacia los centros hospitalarios cuando sean necesarios.

Pero mi propuesta no nace únicamente de pensar dónde cabe mejor un edificio.

Nace de otra pregunta.

¿Por qué las grandes infraestructuras públicas tienen que mirar casi siempre hacia el centro?

En nuestro rural tenemos asociaciones vecinales buscando financiación para mejorar sus instalaciones. Comunidades de montes poniendo recursos, trabajo e imaginación para recuperar espacios, abrir caminos, plantar árboles, conservar patrimonio o crear lugares de encuentro. Entidades privadas colaborando mediante programas sociales para que algunos de esos proyectos puedan salir adelante.

Y el Concello también colabora, por supuesto.

Pero muchas veces tengo la sensación de que en el rural empezamos siempre la carrera unos metros más atrás.

Cuando queremos hacer algo buscamos subvenciones, llamamos a puertas, presentamos proyectos, pedimos colaboración, ponemos trabajo voluntario y tratamos de estirar cada euro hasta donde puede.

Quizá haya llegado el momento de que alguna gran inversión pública haga el camino contrario.

Que venga hacia aquí.

Porque una residencia de más de cien plazas no sería solamente un edificio con habitaciones.

Serían trabajadores entrando y saliendo cada día. Familias visitando a sus mayores. Empresas suministrando productos. Servicios. Mantenimiento. Transporte. Actividad económica.

Vida.

Y si algo necesita nuestro rural es precisamente eso: vida.

La instalación en Pardavila tendría además otra consecuencia que no voy a esconder porque sería absurdo hacerlo.

Durante los últimos meses existe preocupación entre los vecinos por el futuro de esos terrenos y por la posibilidad de que puedan albergar actividades relacionadas con la recogida o gestión de residuos. La adquisición de la parcela para una infraestructura sociosanitaria despejaría definitivamente esa incertidumbre y transformaría un espacio que hoy genera preocupación en otro destinado a cuidar personas.

No me parece un mal cambio.

Donde unos temen camiones, podríamos tener jardines.

Donde existe incertidumbre, una residencia.

Y donde hoy tenemos una antigua cantera, podríamos tener más de cien personas atendidas y un buen número de puestos de trabajo.

Pero, por encima incluso de todo eso, esta propuesta pretende poner encima de la mesa una cuestión que quienes vivimos en las parroquias conocemos demasiado bien.

El rural se nos está acabando.

Y no se acaba de repente.

No hay un día en el calendario en el que alguien coloque un cartel anunciando: «Desde hoy este lugar está muerto».

Se acaba poco a poco.

Cuando se cae un muro y no se arregla

Cuando desaparece una casa para hacer un chalet

Cuando los cultivos tradicionales se acaban y las parcelas están “ a monte”

Cuando no hay niños .

Cuando las nuevas generaciones abandonan para irse al centro

 

Y también cuando las inversiones importantes parecen encontrar siempre su sitio lejos de donde nosotros vivimos.

El movimiento vecinal lleva años intentando combatirlo. Las asociaciones buscan recursos. Las comunidades de montes promovemos proyectos. En ocasiones encontramos la colaboración de empresas privadas que permiten sacar adelante iniciativas que, de otra manera, serían imposibles.

Y las Administraciones también ayudan.

Claro que ayudan.

Pero quizá debamos empezar a hablar de algo más que de ayudar al rural.

Quizá haya llegado el momento de invertir en él.

Porque ayudar e invertir no son exactamente lo mismo.

Una subvención permite hacer un proyecto.

Una inversión de esta magnitud puede ayudar a cambiar la dinámica de una parroquia.

Por eso quisiera aprovechar estas líneas para dirigirme a toda la Corporación Municipal.

A toda.

A quienes gobiernan y a quienes están en la oposición. A los de una ideología y a los de otra, porque afortunadamente todavía no hemos llegado al extremo de que nuestros mayores sean de izquierdas o de derechas dependiendo de dónde coloquemos su residencia.

Miren hacia el rural.

No solamente cuando toca organizar una andaina —que, por cierto, bien bonitas son—, ni cuando llega una fiesta parroquial, ni cuando hay que hacerse una fotografía plantando un árbol.

Mírenlo también como una parte de Marín en la que merece la pena realizar grandes inversiones.

Somos menos.

Eso es cierto.

Y quiero pensar —prefiero pensar— que las decisiones sobre dónde invertir el dinero público no se toman contando únicamente dónde se concentra la población y, con ella, los votos.

Aunque confieso que algunas veces ser bien pensado requiere cierto entrenamiento.

Pero también somos quienes vivimos junto a esos montes que todos disfrutamos.

Somos quienes los cuidamos, quienes vemos crecer sus árboles, quienes vigilamos cuando llega el verano y quienes miramos con preocupación cualquier columna de humo que aparece en el horizonte.

Somos, en buena medida, el pulmón verde de ese centro urbano al que parece dirigirse casi todo.

Y no queremos convertir el rural en una postal.

Porque las postales son muy bonitas para mirarlas.

Pero en ellas no vive nadie.

Queremos caminos, comunicaciones y servicios. Queremos actividad económica.

Queremos oportunidades para que quienes viven aquí puedan seguir haciéndolo y para que otros encuentren razones para venir.

Queremos que nuestros montes sean visitados, naturalmente.

Que se hagan andainas.

Que la gente disfrute de ellos.

Pero quienes vivimos aquí necesitamos algo más que visitantes los domingos.

Necesitamos futuro.

Por eso hoy no escribo para protestar.

Escribo para proponer.

Hay una residencia que Marín necesita.

Hay una Administración autonómica dispuesta a construirla.

Hay que poner unos terrenos a su disposición.

Y en Pardavila tenemos un suelo de uso dotacional que merece ser considerado.

Estúdienlo.

Puede que aparezca alguna dificultad técnica. Puede que haya cuestiones que resolver. Para eso están los técnicos, los proyectos y las Administraciones.

Pero también puede suceder que sea posible.

Y, si lo es, dentro de unos años, cuando alguien pregunte por qué aquella residencia se construyó precisamente allí, quizá podamos responder algo muy sencillo:

Porque un día Marín decidió que el rural también era Marín. Hace años sacamos piedra de esa cantera. Quizá es el momento de empezar a poner vida dentro de ella.

roslev