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Samuel Kwesi, superviviente del Villa de Pitanxo, obtiene la nacionalidad española del Gobierno de España. ¡Bienvenido Samuel! Sor Elvira estará orgullosa de tí

Carriola.Redacción.12.10.22

El Boletín Oficial del Estado recoge el acuerdo ministerial a propuesta de la Ministra de Justicia por el que se otorga la nacionalidad española a Samuel Kwesi Koufie tras la valoración hecha por el último Consejo de Ministros al tener en cuenta las circunstancias especiales que concurren en él a consecuencia del naufragio del Villa de Pitanxo del que fue uno de los res supervivientes.

Llegó a Marín hace trece años después de un viaje como polizón en un mercante que partió de su país Ghana, y le traslado, junto con varios compañeros de aventura, en el habitáculo de la hélice del buque, hasta el puerto de Vigo sin que, ni él ni quienes le acompañaban, supieran en realidad a donde arribaba el barco. La travesía fue muy dura porque incluso el agua del mar invadía el recinto donde se escondían pero aguantaron la dificultad sin apenas agua para beber ni alimentos para soportar las más de dos semanas de travesía.

Poco antes de atracar en Vigo, a una prudencial distancia,  se lanzaron al agua con ropa seca en una bolsa hermética burlando la vigilancia policial, que no les vio o no les quiso ver, por los muelles, para llegar a la ciudad viguesa deambulando por las calles hasta encontrar una tienda regentada por alguien que podría ser de su país a quien pidieron ayuda. Y se puso en marcha la máquina de solidaridad entre inmigrantes que supuso la mejor posibilidad de acogimiento en Marín, donde había una monja, Sor Elvira, especial valedora de los cientos de africanos que recibió durante décadas, acogió y ayudó por lo que la consideraban la “mama” de  la colonia ghanesa.

Por entones Sor Elvira dirigía Cáritas Parroquial que ya contaba con una casa en A Roda y allí fueron a parar los componentes de aquel grupo recién llegado, primero dos, y después el resto, y entre ellos Samuel Kwesi. En un primer momento Sor Elvira se sintió desbordada, impotente para acoger a aquel grupo, porque tenía los pisos de Cáritas y otros más de 20 pisos, llenos personas necesitadas, inmigrantes o no. Samuel Kwesi, cuando me contó su historia pocos meses después, me dijo que dudó para sus adentros que una persona tan aparentemente frágil y “pequeñita” pudiera ayudarles y su confianza, entre el agotamiento del viaje y sus circunstancias, se vino abajo en aquel momento.

Pero Sor Elvira, siempre con su declarada confianza en la Providencia, al principio sorprendida y contrariada por el nuevo reto que se le presentaba, acabó acomodándolos a todos, al menos para parar el primer golpe de su irrupción repentina.

Samuel Kwesi fue un inmigrante ejemplar. Aprendió el español a gran velocidad y su comportamiento le hizo ganar las simpatías de Sor Elvira que le apreciaba infinito, así me lo tiene asegurado personalmente,  por su buen comportamiento y su disposición a colaborar en todo, incluso ayudando a sus compañeros, y día por día empezó a pesar que entonces sí aquella monja tan “pequeñita” y aparentemente frágil, tenía toda la fuerza y el valor humano.

Samuel trabajó en cuanto pudo conseguir los papeles de residencia cumplidos los nada fáciles trámites que rodean esta circunstancia y llegó a viajar a su país volviendo de nuevo a Marín pero por transportes normales y seguramente reviviendo la primera travesía del infierno como polizón de aquel mercante.

Con los años fue testigo presencial y directo de la peor tragedia en muchas décadas del naufragio del último barco en el que se enroló, el Villa de Pitanxo, y no hace mucho, me expresaba su estado de ánimo, un día que le encontré en la calle, porque ha visto morir a sus compañeros y ha visto también la muerte de frente aquella aciaga y helada noche de febrero en los mares de Terranova.

Hoy Kwesi Koufie es, además de un testigo vivo de aquella horrorosa noche, un español con todos los derechos en este país.

¡Bienvenido Samuel!.

En la foto, Samuel recién llegado a Marín

roslev