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RECORDANDO A... Serafín GARCÍA Domínguez, propietario de la Confitería García

Carriola.J.S.P..23.03.23

Allá por el primer tercio del pasado siglo había en Marín cuatro confiterías repartidas por el casco urbano. “Montoto” y “Consuelo” en la Rúa Real, “Ojeda” y “García” en Almuíña. Cada una tenía su especialidad y todas se basaban en la calidad y la pura artesanía de su oferta

Laureano Mayán, en su libro “Marinenses de ayer y hoy”, dejó escrita la historia profesional, a la que hacemos hoy referencia,  de Serafín García Domínguez, propietario de la famosa Confitería García que subsistió después de su fallecimiento en manos de su hija y su yerno que continuaron la misma línea de calidad en la oferta.

García, natural de Campolameiro, nacido en el 1911, fue uno de aquellos jóvenes que, apenas salidos de la escuela, se puso a trabajar y, con 15 años entró como aprendiz en una pastelería de Caldas de Reyes. Un año más tarde se empleó en Padrón y ,con solo 17 años, acompaña a un hermano a su aventura en Marín que empezó con su empleo en la entrañable pastelería “Montoto” que bien recordamos en la Rúa Real.

La “mili” interrumpió, en 1930,  su profesión y fue a parar a Melilla donde sirvió en el ámbito sanitario hasta que pudo regresar a Marín donde se hizo con el traspaso de la pastelería Ojeda que estaba ubicada entre la actual Óptica Doval y el edificio que fue Hostal del Mar, teniendo en cuenta que por entones no estaba abierta, todavía, la calle Jaime Janer como en la actualidad. Allí permanece García con su establecimiento hasta el año 1936,cuando ya había contraído matrimonio con Pilar, pero es movilizado a filas en la Guerra Civil y destinado a Asturias como infante de marina resultando herido grave en un brazo en la Batalla de Grado. Mientras peleaba en el frente, su esposa y su hermano intentaban mantener en pie el negocio, pero eran malos tiempos para negocios y acabaron cerrando la confitería.

Llegó el momento de regresar y trabaja en la Lonja de pescado pero aquel oficio no era el suyo y decide trasladarse a Vigo para emplearse en la famoso confitería “Las 3 Luces”. García, en cambio tenía una vena empresarial que le animaba a tomar camino propio y así fue porque, en 1943 vuelve a Marín para poner su negocio propio aunque se encuentra con la dificultad de que, tal como estaba el país entonces, no era posible por motivos de la situación política y económica. Serafín García no se arredó y tras pasar un calvario de papeleo y compromiso, acabó abriendo su pastelería de nuevo el día del Carmen de 1944. Tenía el horno en la Rúa da Roda y el despacho en la Rúa do Sol, al lado de “La Campana”.

Pasó así cuatro años hasta que se enteró de que el popular fotógrafo “Ocaña” dejaba libre el estudio que tuvo en la Almuíña para trasladarse a la Rúa do Sol y García aprovechó para hacerse con el local del que ya no se movería hasta su jubilación aunque tuvo sucesión familiar en el mismo.

En su relato, Mayán recuerda, y yo también, aquellas especialidades de los mil hojas, la tarta rosa, el dragón o la serpiente de navidad, la rosca de Niza y aquellas almendras caramelizadas de enorme tamaño que fabricaba en los más llamativos colores. Él en el obrador, y Pilar, en el  mostrador fueron los artífices de aquella confitería famosa en Marín y alrededores por la calidad de su oferta.

Pero García fue también un destacado deportista del tiro. Era un gran aficionado al tiro al plato que a mediados de los cincuenta tenía aquí muchos adeptos que practicaban en el mismísimo estadio de San Pedro. García tuvo el honor, en esta actividad de compartir una tirada con Don Juan Carlos, el Rey Emérito cuando era alumno en la Escuela Naval Militar.

Esta afición al tiro le llevó a formar parte del grupo que fundó la “Sociedad de Caza y Pesca” de Marín y participó también en la fundación del “Club de Tiro Olímpico de Cernadiñas Novas”. Llegó a proclamarse por tres veces campeón de Tiro Olímpico de Galicia, en categoría de veteranos, y fue un activo promotor de toda la actividad de tiro lo que le valió ser homenajeado por sus compañeros en 1982 con una “Tirada de Honor” y otros actos en su reconocimiento, habida cuenta de que, a causa de un problema cardíaco ya no pudo practicar más su deporte preferido,  pero sí se configuró como Juez de Tiro desarrollando esta responsabilidad por toda Galicia.

García, a la derecha con corbata, durante la recepción al Arzobispo de Santiago cuando vino a inaugurar la Cofradía del Nazareno

Hizo bien Lano Mayán en reflejar la presencia en Marín de Serafín García Domínguez, fallecido en 1986 que, como otros foráneos que recalaron sus vida entre nosotros, hizo méritos para ser recordado.

Los que conocimos la famosa “Confitería García” no podremos olvidar el espectáculo de su escaparate e incluso el olor que desprendía el establecimiento que hacía reconocible a distancia la labor de nuestro recordado de hoy. García es parte de la historia gastronómica de Marín como pocos.

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