Carriola.09.11.25
HABITOS DE ESTUDIO EN EDUCACIÓN PRIMARIA

Dolores Armas
Lic. En Pisopedagogía
Nuestro actual sistema educativo exige a los alumnos, desde los primeros cursos de Educación Primaria, la adquisición de una serie de hábitos de estudio que les permita afrontar con éxito las evaluaciones a las que son sometidos a lo largo de su escolaridad. Aunque la LOMCE, actual ley de Educación, habla del desarrollo de competencias como prioridad del sistema educativo, abarcando el adecuado manejo de muchas habilidades, destrezas y estrategias, la realidad de las aulas es otra. El alumnado de Educación Primaria, desde los primeros niveles, es valorado habitualmente por los contenidos aprendidos y sometido regularmente a pruebas objetivas de cada tema que tratan en clase y de cada asignatura. Es por esto que estos niños deben desarrollar, desde bien pequeños, unos hábitos de estudio que les faciliten el cumplimiento diario de sus tareas escolares. Sabemos que la adquisición de estos hábitos y rutinas se desarrollan paulatinamente a lo largo de la Educación Primaria y Secundaria. Es un proceso lento que consiste en aprender a enfrentarse a unos contenidos académicos determinados, comprenderlos, elaborarlos, memorizarlos y finalmente expresarlos adecuadamente en función de la pregunta o cuestión planteada. Para una buena adquisición de estas habilidades es necesario que tanto desde la escuela como desde el hogar se ayude a los niños en este proceso. Recordar que varias investigaciones indican que un buen predictor de éxito o fracaso escolar son los hábitos de estudio.
Algunas condiciones favorables
En primer lugar debemos de entender que como padres, y respecto a este tema, lo que pretendemos es enseñarle a nuestro a hijo a aprender o adquirir unos correctos hábitos de estudio y que los mantenga a lo largo de su escolaridad. Como es un proceso de aprendizaje, en muchos casos se equivocará, lo hará mal, se olvidará, no conseguirá los resultados esperados,… y nosotros estaremos a su lado para reorientar todas esas acciones fallidas, a poder ser, sin implicarnos emocionalmente. Evitando, en la medida de lo posible, los enfados, críticas y castigos.
También, desde la familia, debemos organizar los horarios diarios de los hijos, favoreciéndole que pueda dedicar un tiempo diario fuera de la escuela, si fuese necesario, a realizar sus tareas escolares. No pude ser un tiempo improvisado, sino que debe estar establecido y debe ser respetado tanto por los padres como por los niños. Debe ser aquel en el que consideramos que tendrá un mayor rendimiento, y siempre que sea posible, debe ser acordado con él. En principio este tiempo no debe superar los 20-30 minutos de trabajo continuados, haciendo descansos breves de 5-10 minutos. Estos tiempos deben estar adecuados a las características de los hijos y las familias. Una cosa es lo que debe ser y otra muy diferente es como se puede llevar a la práctica. Es recomendable, en la medida de lo posible, que confiemos en aquello que los hijos cuentan del colegio. En caso de considerar que no recuerda todo lo que él profesor ha dicho, lo invitaremos a que llame a un compañero antes de contactar nosotros con otra madre, debemos evitar ser las secretarias o las agendas de los hijos. Es bueno, además, reunirnos con el profesorado y llegar a pequeños acuerdos para asegurar que toma nota de sus tareas y obligaciones.

El lugar de trabajo ha de ser siempre el mismo, debe estar bien iluminado y ordenado. Serán las condiciones para empezar con la tarea diaria. Ha de tener a su alcance todo aquello que necesite y ha de tener satisfechas todas sus necesidades evitando las interrupciones. Antes de empezar ha de ir al baño, beber, comer si es la hora de la merienda, y coger todos los materiales que pueda precisar. Cada parada exige poner de nuevo en marcha todos los procesos atencionales, de memoria y de procesamiento de la información.
La ayuda y la supervisión que le proporcionemos en principio serán organizativas. Luego si él o ella necesita de alguna aclaración en cuanto a los contenidos o a la ejecución de la actividad procuraremos enseñarle el modo de conseguir la respuesta a su duda, sin ser nosotros los que le demos una respuesta directa. No olvidemos que estamos en la edad de enseñar a hacer, en la que los conceptos que van adquiriendo son sencillos y fáciles de abordar.
(*) Colaboración dominical especial de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín