Carriola. 22.11.25.
julio@carriola.es.
Hemos llegado hasta aquí, hasta hoy mismo y José Iglesias que ha hecho un interesante recorrido por la historia marinense, pone fin al ciclo de crónicas que ha venido publicando en Carriola desde donde le estaremos eternamente agradecidos dejándole las puertas abiertas para cuando quiera utiliziar esta ventana informativa
Tiempos de declive y el resurgimiento a manos de los alcaldes Del Río y Massoni
José Iglesias
Hola de nuevo.
Esta semana hablaremos de los años posteriores al final de la Guerra Civil hasta nuestros días. Fue muy destacable en Marín fue la transformación del Polígono de Tiro Naval Janer en la actual Escuela Naval Militar, inaugurada el 15 de agosto de 1943, tras no pocas obras para acoger el centro de formación más importante de nuestra Armada.
La elección de Marín como centro de adiestramiento se debe, en gran parte, a la idoneidad de nuestra ría para la instrucción: cuando está en calma y cuando el mar se muestra bravo, condiciones que hacen que se agudice el aprendizaje de los marinos.
Tambien en 1956 se abre al culto la iglesia nueva de Santa María del Puerto, para lo cual se derribó un templo que se empezó a construir en 1912 pero nunca se terminó, ya que se quedaba pequeño por el aumento de población .
La Villa continuó su evolución hasta lo que es hoy. Se le siguió ganando terreno al mar, con detractores y gente a favor. Supongo que no podemos tener todo, una ciudad abierta al mar y un puerto puntero…. No hay duda que el encanto de aquellos años en que el mar llegaba a la alameda, con nuestra casa de baños etc. Pero no negaremos que la comodidad en vias y servicios que tenemos es mejor que lo que en aquella época existía.
A la mayoría de las gentes de Marín, lo que la posguerra trajo fue, como tras todas las guerras, pobreza e incluso hambruna. Evidentemente no a todos, pero está claro que nuestra sociedad acusó la lucha. Esto llevó, una vez más, a una nueva época de emigración en busca de un futuro mejor: primero a Sudamérica y, más tarde, a Europa.
Todo marinense que se precie tiene familia en el extranjero, ha sido —o es— familia de algún emigrante. Las remesas de dinero que entraban aliviaban la necesidad de los que aquí seguían y contribuían a sanear esa economía maltrecha por la guerra vivida.
Permitidme un inciso: esto que acabo de decir, ¿no os suena a lo que nos está pasando hoy con las gentes que vienen a buscar trabajo, tal como nosotros hicimos hace 60 u 80 años?
No sería mal tema de reflexión y debate pensar en cómo los tratamos, cómo los miramos, o simplemente cómo hablamos de ellos…
Bien, nos plantamos ya en los 60 y 70, cuando éramos ya una sociedad “moderna”.
Marín tenía una sala de fiestas, el Vergel con su terraza de verano y el habitual cartel “No Hay Sitio”; en Seixo, la sala La Palma, lugares donde estos jóvenes que hoy pasan de los ochenta años lo “daban todo”.
Teníamos dos cines

Avenida y Quiroga, con su entrada por la calle Real, que primero fue un almacén de carbón y sal. Luego se modernizó y su entrada era por Jaime Janer, el Avenida, con un rosetón gigante en el techo donde generaciones vimos nuestras primeras películas; y los más jóvenes subíamos al Jaliñeiro, vigilados estrechamente por el acomodador y su linterna de petaca
Un trolebús eléctrico nos unía con la capital en un viaje interminable . Todavía recuerdo las carreras para pillar el primer asiento de los de dos pisos…

De la “Boite” Chapí, nuestra discoteca, que luego seguiría Don Jaime al cerrar el cine Quiroga…
De Equus y Shiva, en Pontevedra, y del Paraíso (o Pirijallo) en Bueu, que eran los lugares donde, hasta bien entrados los 80 e incluso los 90, los jóvenes poníamos en práctica lo que aprendíamos en aquel programa del sábado por la tarde llamado Aplauso.
En la educación, hicimos la transición de las Escuelas Nacionales a los colegios públicos de Sequelo, Viñas Blancas y A Laxe.
Todavía recuerdo, con cariño —a pesar de las collejas y esos pellizcos en las orejas, casualmente cuando hacía frío— a doña Isaura y don Antonio (luego nuestro alcalde, Toneco…) de la escuela de A Porteliña; a Manolo, el panadero de Rías Baixas, que con un solo grito nos ponía en la más recta de las hileras como soldados bien instruidos; a la escuela de don Félix, en Marín; y las pasantías en la de Noly, “a de Curtepieles”, en Mogor, que seguiría con su hijo Carlos, el cual sigue al pie del cañón a día de hoy (¡un abrazo, profe!).
Y, por supuesto, nuestro instituto Salvador Moreno.¿Quién no recuerda a Katy apuntando al que llegaba tarde?
Del San Narciso, primero al lado de la iglesia nueva y luego su traslado a donde está hoy con los estrictos Padres Paules, que a lo mejor hoy echamos de menos….

A Manuel Rosales, nuestro campeón del mundo de marathon veteranos y de tantas carreras…ejemplo vivo de disciplina y voluntad.
En fin, contar lo que pasó creo que está de más, porque todos somos memoria viva de aquella época.
Ha sido un placer, estas semanas, contar brevemente desde aquellos oestrymnios predecesores de los celtas hasta hoy, porque contar nuestra historia es también recordarnos quiénes somos y no olvidar nunca el pasado para no repetir lo que nuestros ancestros hicieron mal o no supieron hacer mejor…...
Seguro que volveremos con alguna cosa relacionada con nuestro Marín o con la Historia…como siempre si queréis.
Un abrazo