Lapetit
The current Bet365 opening offer for new customers is market-leading bet365 mobile app You can get a free bet right now when you open an account.

PENSANDO EN ALTO: ¿Por qué este paÍs va así?

Carriola. 14.02.26.

julio@carriola.es.

UNA REFLEXIÓN QUE YA NO PODEMOS SEGUIR APLAZANDO

 

José Iglesias

Vivimos tiempos en los que cada conversación acaba convertida en un campo minado. Ya nadie escucha para comprender: se escucha para responder. Para ganar. Para imponer.
Y, sin embargo, seguimos preguntándonos por qué este país va como va.

Basta detenerse un momento —quizá paseando por cualquier aldea del rural de Marín, o por cualquier barrio de cualquier ciudad— para descubrir que lo que ocurre no es casualidad. Es el resultado de una manera de vivir, de entendernos y de relacionarnos que ha cambiado más de lo que creemos… y no precisamente para mejor.

Nunca hubo tantos datos disponibles, ni tanta información. Tampoco hubo jamás tanta desinformación y tanta ignorancia.
Hoy cada persona vive dentro de su propio mundo de certezas, alimentado por datos que le muestran solo lo que quiere ver.

Así, sin darnos cuenta, hemos pasado de tener opiniones a tener verdades absolutas.
Y si mi verdad es absoluta, la tuya no cabe.

El consenso, ese arte que levantó países enteros, ya no es una virtud: es una sospecha.
Quien cede, pierde.
Quien matiza, duda.
Quien escucha, parece débil.

¿Cómo vamos a ponernos de acuerdo si hemos convertido la discrepancia en un duelo personal?

Una sociedad sin proyecto común

Las generaciones que vivieron la reconstrucción —la posguerra, la Transición, los primeros años de democracia— tenían algo que hoy se ha perdido:
la conciencia de proyecto colectivo.

Sabían renunciar.
Sabían pactar.
Sabían esperar.
Sabían que el futuro no es un derecho, sino una construcción.

La generación actual, en cambio, vive atrapada en un presentismo absoluto. No es enteramente su culpa: el mundo que heredaron es inestable, precario y líquido. Muchos no pueden pensar en mañana porque hoy apenas alcanza para llegar a final de mes.

Pero otros, muchos otros, simplemente no quieren renunciar a nada.
Viajes, ocio, bienestar inmediato. “Ya veremos”.
El sistema de protección social está al borde del colapso, pero siempre será mañana cuando se solucione. Y mañana, como todos sabemos, nunca llega.

La ilusión de que otros sostendrán lo que nosotros no cuidamos

Hay quien confía en que la inmigración sostendrá el país.
Y es cierto: muchas personas inmigrantes aportan trabajo, vitalidad y juventud que aquí escasea. Pero también es cierto que, cuando sus países mejoren —y lo harán—, muchos regresarán.

Porque esta no es su tierra.
Porque aquí no están sus padres, ni sus raíces, ni sus muertos.
Igual que tampoco fue la tierra de los nuestros que emigraron en los 60, que trabajaron fuera… y luego volvieron.

Confiar en que otros van a salvar lo que nosotros no cuidamos es, como mínimo, ingenuo.

Los errores de una generación y la herencia de la siguiente

Los llamados baby boomers crecimos trabajando, esforzándonos, renunciando.
Quizá nuestro error fue querer que los hijos no pasaran por lo mismo.
Crear un mundo más cómodo… y, sin querer, una generación menos preparada para el sacrificio.

Educamos para la seguridad pero no para la frustración.
Para los derechos, pero no para las responsabilidades.
Para el bienestar, pero no para su sostenibilidad.

Y ahora, cuando observamos que muchos de nuestros hijos tienen pocos hijos —o ninguno—, comprendemos que el futuro que imaginábamos se está desvaneciendo.

Sin relevo, no hay sistema.
Sin sistema, no hay futuro.

¿Qué nos está pasando?

Nos está pasando que nadie quiere mirar hacia delante.
Que confundimos libertad con capricho, opinión con verdad, bienestar con derecho adquirido.

Nos está pasando que ya no construimos:
solo consumimos.
Que ya no proyectamos:
solo postergamos.
Que ya no debatimos:
solo discutimos.

Y así es difícil que un país avance.
Difícil que prospere.
Difícil que sobreviva.

Un país no se hunde de golpe: se desgasta en silencio

No se derrumba por un mal gobierno o una mala ley, sino por una acumulación de pequeñas cegueras cotidianas:
la falta de acuerdo, el individualismo, la pereza cívica, la renuncia a pensar a largo plazo.

Lo verdaderamente preocupante no es lo que está pasando hoy, sino lo que no estamos haciendo para evitar lo que vendrá mañana.

Quizá no tengamos todas las respuestas.
Pero ya es hora de que volvamos a hacernos las preguntas importantes.
Aunque duelan.
Aunque incomoden.
Aunque nos obliguen a mirar hacia dentro.

Porque un país no cambia cuando cambian sus políticos.
Cambia cuando cambian sus ciudadanos.

 

roslev