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Hoy: MARIN DIGITAL Y COMERCIO(*): Web y navegabilidad

Carriola.01.09.26

julio@carriola.es

Una web bonita puede vender poco; una web fea, también. Lo que importa ocurre cuando entra el cliente

 

Omar Tissir

¡Boas a todos, vecinos y amigos de Carriola!

La semana pasada hablábamos de algo que ocurre bastante más de lo que parece: empresas que consiguen visitas en su web, pero no consiguen que esas visitas se conviertan en clientes (te dejo aquí el enlace por si lo quieres leer). Y cuando uno empieza a mirar dónde se escapa ese cliente potencial, muchas veces acaba encontrándose con el mismo sitio: la propia web.

A veces es una web preciosa. De esas que cuando la enseñas dices “qué pasada”. Animaciones, fotografías enormes, tipografías elegantes, vídeos, efectos al hacer scroll y un diseño que parece sacado de una agencia de publicidad de Madrid. El problema es que, después de dos minutos, sigues sin saber exactamente qué vende la empresa, dónde tienes que hacer clic o cómo puedes contratarla.

Otras veces sucede justo lo contrario. Una web que parece hecha hace quince años, con textos pequeños, botones escondidos, imágenes que tardan una eternidad en cargar y un menú que parece diseñado por alguien que quería comprobar cuánto aguanta la paciencia de un cliente antes de marcharse.

Y las dos pueden tener el mismo problema: no ayudan suficientemente al visitante a avanzar.

Diseñar una web no consiste en hacerla bonita

El diseño importa. Mucho.

Una web desagradable, desordenada o poco profesional puede generar desconfianza antes de que el visitante haya leído siquiera una línea. Pero el diseño tiene una función bastante más importante que conseguir que alguien diga “qué bonita”.

Tiene que conseguir que esa persona entienda dónde está, qué puede encontrar, qué debería hacer después y por qué merece la pena seguir ahí.

Esto parece evidente hasta que empiezas a visitar webs de negocios.

En algunas tienes que descubrir qué servicio ofrecen. En otras tienes que adivinar dónde está el teléfono. En muchas el botón que debería llevarte a contactar está debajo de una fotografía enorme, después de tres párrafos sobre la historia de la empresa y un carrusel que cambia justo cuando estabas intentando leerlo.

El visitante no ha venido a hacer un curso de navegación web.

Ha venido porque tiene una necesidad.

Y cuanto más fácil se lo pongamos para resolverla, mejor.

Los estudios de usabilidad de Nielsen Norman Group llevan años mostrando algo bastante lógico: los usuarios llegan a una página con un objetivo concreto, escanean el contenido y, si no encuentran rápidamente algo que les resulte relevante, siguen buscando en otro sitio. También señalan que una navegación clara ayuda a que el visitante entienda qué hay dentro de una web y cómo desplazarse por ella.

Por eso una buena web debería parecer casi obvia. No porque sea aburrida sino porque funciona.

La navegación es mucho más importante de lo que parece

Pongamos que estás buscando una empresa que haga reformas.

Entras en una web y arriba en el menú aparecen seis opciones perfectamente comprensibles: Inicio, Reformas, Cocinas, Baños, Nosotros y Contacto.

Sabes dónde estás y sabes dónde puedes ir.

Ahora imagina otra en la que aparecen “Experiencias”, “Soluciones”, “Proyectos”, “Espacios” y “Descubre”. Puede quedar más sofisticado, pero si tú solo quieres saber quién te puede reformar el baño, te obliga a pensar.

Y cuando obligamos al cliente a pensar demasiado, estamos introduciendo fricción.

Baymard, que lleva años realizando investigaciones de usabilidad con usuarios reales, ha detectado cientos de problemas relacionados con la navegación y la arquitectura de las webs, incluso en grandes compañías. En sus estudios sobre navegación, los usuarios abandonaban páginas cuando no conseguían encontrar lo que buscaban, y una de las conclusiones es bastante sencilla: si el visitante no encuentra algo, difícilmente podrá comprarlo.

Esto también explica por qué no me entusiasma esa costumbre de esconderlo todo detrás de menús demasiado creativos.

Hay cosas que no necesitan creatividad. El teléfono puede decir “Teléfono”. Los servicios pueden llamarse “Servicios”.

Y si vendes ventanas, probablemente no necesitas llamar a esa sección “Soluciones para transformar tu hogar”. Que el cliente entienda la web es más importante que demostrarle que sabes diseñarla.

Y luego está la velocidad

Aquí hay otro pequeño detalle que suele olvidarse hasta que alguien intenta entrar desde el móvil con cobertura regular: la web tiene que cargar.

Parece una obviedad, pero no lo es.

Google recomienda que las páginas ofrezcan una buena experiencia de carga, interacción y estabilidad visual. Entre sus referencias están los Core Web Vitals, que incluyen métricas como que el contenido principal cargue en torno a los primeros 2,5 segundos y que la página responda rápidamente a las interacciones.

No significa que una web vaya a vender automáticamente por cargar rápido.

Significa algo más sencillo: no pongas obstáculos innecesarios delante de alguien que ya ha mostrado interés.

Porque quizá esa persona haya llegado después de buscarte en Google. Quizá haya pulsado un anuncio. Quizá un amigo le haya enviado tu enlace.

Has pagado, trabajado o esperado para conseguir esa visita.

Y cuando finalmente llega, no tiene mucho sentido hacerle esperar mientras se carga un vídeo de fondo de 14 MB.

Una web tiene que llevar al cliente de un sitio a otro

Me gusta pensar en una web como en el local de un negocio.

La puerta tiene que estar abierta. Al entrar tengo que saber dónde estoy. Si quiero preguntar algo, necesito encontrar a alguien. Si quiero ver los productos, tengo que saber dónde están. Y si estoy preparado para comprar, no debería tener que recorrer medio edificio para encontrar la caja.

En internet ocurre exactamente lo mismo.

La página de inicio debería orientarme. Las páginas de servicios deberían explicarme lo que necesito saber. Los casos, trabajos, testimonios o ejemplos deberían ayudarme a confiar. Y el contacto debería aparecer cuando ya tengo suficiente información para dar el siguiente paso.

No todo el mundo llega preparado para comprar.

Pero tampoco todos necesitan que les enseñemos veinte cosas antes de poder hacerlo.

Por eso una web comercial no debería estar diseñada pensando únicamente en cómo se ve la página de inicio. Hay que pensar en el recorrido completo.

¿Qué pasa cuando alguien entra desde Google directamente a una página de servicio?

¿Qué encuentra alguien que llega desde Instagram?

¿Qué ocurre cuando una persona entra desde el móvil?

¿Qué ve alguien que todavía está comparando tres empresas?

Y, sobre todo, qué ocurre cuando finalmente piensa: “Vale, esta empresa me interesa” Porque ahí empieza la parte verdaderamente importante.

Primero necesitas un sitio donde llevarlos

Y esto conecta directamente con lo que os contaré la semana que viene.

Voy a hablaros de SEO y de cómo conseguir esos clientes potenciales que están buscando en Google lo que vosotros vendéis.

Pero antes de intentar llevar cien personas hasta tu negocio, necesitas tener una puerta a la que llevarlas.

Puedes trabajar el posicionamiento, hacer contenidos, invertir en publicidad, publicar en redes sociales o conseguir que alguien te recomiende.

Todo eso puede generar oportunidades.

Pero si después mandas a esas personas a una web confusa, lenta, difícil de navegar o que no explica con claridad qué haces y cómo contratarte, parte del trabajo se queda por el camino.

Y ese trabajo cuesta dinero.

Por eso, antes de preguntarnos cómo conseguir más visitas, deberíamos comprobar si la web está preparada para recibirlas.

Primero construyes el activo digital. Después buscas cómo llenarlo de clientes potenciales.

Y cuando esos clientes llegan, la web tiene que hacer su parte.

La semana que viene os explicaré cómo conseguir que más personas encuentren ese activo cuando estén buscando precisamente lo que tu empresa ofrece.

Ahí es donde empieza otra historia.

 

Si mientras lees esto has pensado en tu propia web y ahora tienes dudas sobre si realmente está preparada para convertir las visitas en oportunidades comerciales, puedes escribirme.

Soy Omar Tissir y me dedico a ayudar a empresas a mejorar su presencia digital mediante diseño web, SEO, marketing digital y automatización con IA.

Si quieres que echemos un vistazo a tu caso, puedes escribirme directamente por WhatsApp al 631 87 43 23 o mandarme un correo a contacto@omartissir.es.

Me cuentas qué haces, qué estás intentando conseguir y dónde crees que tienes el problema.

Y a partir de ahí, hablamos con calma.

¡Buenas ventas y mucho xeito!

roslev