Carriola. J.Santos Pena.25.07.24.
julio@carriola.es.
Me lo habían asegurado pero siempre creí que era para quitarme el miedo del cuerpo ante lo que supone una operación quirúrgica sobre todo en los ojos. Nunca llegué a suponer que la ciencia era capaz, tan fácilmente, de devolverme las sensaciones de lo hermoso que es nuestro mundo

¡Mira que tengo experiencia en esto de pasar por los quirófanos para “retellar” , que diría mi abuela, lo que se va estropeando a lo largo de la vida en nuestro cuerpo!. La última fue hace unos días para tratar de mejorar la visión de mis ojos que fue desgastándose a lo largo de las ya muchas décadas de duro trabajo visual producto, sobre todo de la labor diaria de leer y, sobre todo, escribir..
Confieso que, cuando la última vez visité al especialista de la Seguridad Social, allá por los finales del 2022, tras un minucioso examen aseguró que la cosa ya no estaba para gafas y que necesitaba pasar por la piedra para limpiar ese misterio eterno al que llaman cataratas. Y desde entones, la verdad, estaba uno acongojado con el temor porque, los ojos, son “o ben que esta vella ten” (otra vez mi abuela que era sabia... como todas). Y pasaron los meses y más meses pero la Seguridad Social no me llamaba con lo que casi estaba contento porque tampoco tenía muchas ganas de que lo hiciera, la verdad, (el congoje es el congoje, por mucho que digan los valientes).
Pero a pesar de todo, el problema se iba agudizando y cada vez la visión del entorno físico era para mí más sombría. Volví a pedir cita médica y el médico de cabecera me vuelve a enviar al especialista pero, pasados unos meses más, ni me llamaron. Decidí ir a atención al paciente, esa oficina atendida por una señora o señorita muy amable que recoge tu petición o tu queja pero no resuelve nada y sales de allí más vacío de lo que entraste. En mi caso, tras consultar el ordenador donde estamos todos en fila con nuestros datos, la mujer aseguró que tenia consulta para el mes de octubre y que, a partir de allí, entraría en lista de espera para una posible operación de cataratas. Y empecé a calcular el tiempo que sería eso y el que me queda de vida, más o menos, y me dio la impresión de que me llamarían cuando ya estuviera descansando en los campos de Josefat con lo que no me hacía cuenta esperar tanto tiempo.
Y, ante el creciente problema de ver poco y mal; de ser consciente de que me cruzaba con personas a las que saludaba o no, sin saber muy bien si debía o no, porque sus caras estaban borrosas, y de que cada vez iba la cosa peor, me decidí por gastar el dinero de las vacaciones y también el de los Reyes Magos del año que viene en la clínica privada, la del Dr. Millán, en Pontevedra, quien tras la primera exploración me citó para una semana después y, en media hora limpió mis ojos de las dichosas cataratas que me estaban robando la apreciación de la belleza de este mundo.

Desde mi balcón hasta los tejados veo ahora bonitos
Salí de allí leyendo los carteles de la calle y las matrículas de los coches; Llegué a mi casa y creí que en mi ausencia de unas horas me habían cambiado los muebles y pintado las paredes y me asomé a la terraza y descubrí otro paisaje que ya no recordaba por la inmensidad de los colores y el recortado perfil de casas, árboles y objetos más o menos cercanos e incluso los lejanos. Sencillamente impresionante.
Y ahora que voy retomando esta labor de la Carriola, lo primero que quiero es agradecer al Dr. Millán el buen hacer de su trabajo y de su trato a un “acongojado” paciente: Criticar con severidad a la Seguridad Social por el desamparo que supone tener a un paciente años sin atender en algo tan elemental como la visión (y mira que yo he elogiado veces las atenciones en otros “pases” por los quirófanos y algunos con gravedad considerable!) . Y , finalmente, animar a quienes estén padeciendo una situación parecida para que no tengan temor ninguno porque, el premio al nunca agradable paso por el quirófano, es la recuperación de la belleza natural y del colorido del mundo tras, salvando cualquier problema añadido, no más de media hora de operación de la que, en manos de un buen especialista como el caso del que me atendió el pasado día 17, apenas te enteras.
No se arrepentirán, lo aseguro.