Carriola.26.10.25
ORDEN Y ADOLESCENCIA

Dolores Armas
Lic. en Psicopedagogía
Hemos procurado durante la niñez de los hijos inculcarles hábitos de higiene y orden, hemos insistido de diferentes maneras en este asunto y cuando más o menos lo habían conseguido llegan a la adolescencia y aumenta el caos. Creemos que en estas edades, después de escuchar en múltiples ocasiones las razones de la importancia del orden, lo deben mantener sin problema, pero no es así. Sucede todo lo contrario. Se cambian varias veces de ropa y toda queda desordenada en cualquier rincón de la habitación. Llevan comida y bebida a la habitación y se mezcla con los apuntes, la caja del videojuego y el calcetín. No hacen la cama y sus cosas se confunden con las sábanas. Quieren personalizar su habitación y comienzan a pegar en paredes, puertas y estanterías fotos y recortes que le dan un aspecto aún más caótico y contrapuesto al resto de la casa. Ese espacio que pertenece a los hijos pasa a ser uno de los principales focos de conflicto familiar.
Por qué se produce está situación
Numerosos autores señalan que este desorden refleja la necesidad de encontrar su orden interno. Están viviendo un momento de caos que supone dejar atrás la infancia y encontrar un camino coherente y satisfactorio que les lleve a la vida adulta. Han de encontrarse con los cambios que sufre su cuerpo, han de asumir más responsabilidades y han de estar pendientes de sus relaciones sociales que acaparan una gran parte de su tiempo. Entre tantas ocupaciones no hay tiempo para ordenar su habitación. Prefieren estar tirados encima de su cama, rodeados de ropa sucia, chateando con los amigos planeando el día siguiente o la próxima fiesta, que pasando la aspiradora.
Qué podemos hacer
En primer lugar debemos hacernos cargo del momento que están viviendo los hijos. Aunque no todos los jóvenes manifiestan su adolescencia de la misma manera, suelen sufrir variaciones en su humor debido, entre otras razones, a los cambios hormonales. Como consecuencia de esto, cualquier límite que no consideren adecuado a sus intereses, como en este caso el orden se convierte en tu tema de encuentro familiar, que puede provocar que de su boca o la de los padres salgan algunas expresiones hirientes que deterioran en gran medida el bienestar, sin conseguir el objetivo perseguido. Por ello debemos, ante todo conseguir calma y no provocar estos enfrentamientos cuerpo a cuerpo. La negociación suele funcionar mejor, por ello es favorable marcar con ellos unos mínimos de convivencia que luego debemos exigirlos y hacerlos cumplir. Ellos deben percibir que respetamos su necesidad de singularidad y de mantener el control sobre sus cosas dentro de las reglas del sistema familiar.
Otro aspecto muy importante, en esta etapa, es nuestro ejemplo en cuanto a los temas que queremos corregir y reprendemos en el adolescente. Es muy difícil pedir orden, si cuando los padres toman un café en el salón dejan allí su taza, o su abrigo no se cuelga en la percha y queda encima de una silla, o el escritorio está lleno de papeles amontonados. Este modelo con el que se encuentran los adolescentes le ofrecerá argumentos que sacarán a la luz en los momentos de mayor choque. Así que seremos rígidos e insistiremos en unas u otras normas en función de nuestra actuación con respecto a la misma.
Sintetizando y generalizando, resulta beneficioso para el adolescente y la familia negociar el tema del orden como algo más que atender en su desarrollo, no debe ser un aspecto que desatendamos, pero tampoco puede ser un asunto que genere conflictos frecuentemente. En esta edad las cuestiones de mayor interés son sus amigos, su aspecto, sus enamoramientos, sus estudios, el deporte u otras aficiones en caso de tenerlas, y las normas que les ponemos que limitan sus ansias de conocer y de probarse a sí mismos. Todo esto requiere de un montón de tiempo diariamente, por lo tanto debemos ajustar la exigencia. Es bueno poner un límite temporal claro para que ponga orden en su habitación. En cada caso se negociará con ellos, y luego la obligación de los padres será hacerlo cumplir en el momento acordado. No es beneficioso ni mostrar un gran enfado por el desorden, ni meternos en su habitación en su ausencia y ordenarla. Educar en el orden supone reflexionar sobre la flexibilización de nuestras exigencias, el respeto a su necesaria intimidad, la educación en la responsabilidad, y la necesaria negociación.
(*) Colaboración dominical especial de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín