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Los lunes en Carriola: LA VOZ DEL DERECHO(*): Horas extra

Carriola.24.11.25

julio@carriola.es

Las horas extra de Laura

 

Andrés Barros

Abogado laboralista

Laura empezó a notarlo casi sin darse cuenta. Primero fue un “quédate un ratito más, para cerrar el informe”. Luego, un “espera a que llegue el camión”. Y al final, los sábados por la mañana, un “es solo durante la campaña, ya sabes cómo va esto”.

Cuando quiso pararse a pensar, llevaba meses saliendo más tarde casi todos los días. En Navidad incluso trabajó fines de semana que no le tocaban. Todo ello acompañado de una promesa que nunca se concretaba: “ya buscaremos la manera de compensártelo”.

Un día, revisando su nómina con calma, vio un “complemento voluntario” que había aparecido de repente. Ni rastro de las horas extra.

Tiempo de trabajo disfrazado

Como Laura, muchos trabajadores llegan al despacho con la misma pregunta: “Si echo tantas horas, ¿por qué en la nómina no aparece nada?”.

Conviene recordar lo básico. Toda hora trabajada por encima de la jornada ordinaria es una hora extra. Y la ley las trata como algo excepcional: con carácter general, no pueden superarse las 80 horas al año, salvo situaciones de fuerza mayor o cuando se compensan con descanso dentro de los cuatro meses siguientes.

Además, una hora extra nunca puede pagarse por debajo del valor de una hora normal. En muchas ocasiones, de hecho, se pagan con recargo o se compensan con más tiempo libre.

¿Dónde está, entonces, el truco? En muchos casos, en la propia nómina. En lugar de figurar como “horas extraordinarias”, las esconden bajo conceptos genéricos como “plus”, “mejora voluntaria” o “complemento”. Sobre el papel, puede parecer correcto. En la práctica, pueden camuflar horas extra que superan el límite legal y que se pagan por debajo de lo que corresponde.

El convenio colectivo aprieta

Aquí entra en juego otra pieza clave: el convenio colectivo. Muchos limitan todavía más las horas extra, obligando a pagarlas mejor e incluso restringiendo su uso a casos aún más excepcionales.

Para la empresa, esto tiene una consecuencia evidente: las horas extra salen caras. Por eso, si se convierten en algo habitual, el incentivo para disfrazarlas de otro concepto aumenta. Un “plus” que sube y baja según convenga puede resultarles más beneficioso que reconocer oficialmente que están excediendo los límites legales.

El problema para el trabajador es doble: por un lado, pierde dinero y, por otro, pierde control sobre su tiempo real de trabajo. Por eso no basta con mirar la cifra final de la nómina: hay que leer los conceptos, compararlos con el horario real y comprobar qué establece el convenio.

Las cosas por su nombre

¿Qué hacer en esta situación? La respuesta no pasa por aguantar en silencio ni por resignarse a que “en todas partes es igual”.

El primer paso es tomar nota de la realidad: guardar cuadrantes, hacer capturas de pantalla del registro horario, archivar correos donde se piden prolongaciones de jornada o mensajes en los que se reconoce que se está trabajando de más. A veces, la diferencia entre una queja sin fundamento y una reclamación sólida está en un simple “quédate una hora más” escrito en un chat de WhatsApp.

El segundo paso es revisar el convenio: límite de horas extra, recargos, descanso compensatorio, turnos máximos…

Y, por último, con esa información y las nóminas en la mesa, reclamar las diferencias salariales: es decir, lo que debería haberse cobrado si esas horas se hubieran tratado como lo que son.

No se trata de buscar conflicto, sino de llamar a las cosas por su nombre. Si son horas extra, deben aparecer como tales.

Un cambio necesario

Al revisar sus nóminas, Laura descubrió que aquel complemento misterioso subía y bajaba según las semanas en las que más había trabajado. Con ayuda profesional, calculó lo que realmente se le debía y decidió dar el paso de reclamar.

Tras el proceso, la empresa tuvo que regularizar la situación y abonarle una cantidad en concepto de diferencias salariales. No le devolvieron los fines de semana perdidos, pero al menos esas horas dejaron de ser invisibles.

A partir de ahí, las horas de más dejaron de camuflarse. Y lo más importante: Laura entendió que mirar una nómina con calma puede ser el primer paso para recuperar parte del tiempo —y del dinero— que creía perdido.

(*) Colaboración semanal con el Despacho Legal AMURALEX de Pontevedra.

 

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