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La trabajadora de un despacho de panadería se enfrenta a varias personas de una familia al parecer gitana que pretendía hacer un “sin-pa”

Carriola.Redacción.20.12.25

julio@carriola.es   

A última hora de ayer, la trabajadora del turno de tarde de un conocido despacho de panadería ubicado en la Rúa da Ponte vivió un momento de especial angustia que incluso la obligó a forcejear con una mujer de etnia gitana para tratar de impedir un “SINPA” urdido por un grupo que podrían pertenecer a la misma familia.

Según nos relata la joven afectada, “Entraron, a las siete de la tarde dos mujeres supuestamente hermanas de entre 30 y 45 años para pedir cafés y bollos y, unos minutos más tarde, llegaron su padre y un hermano que también toman unos cafés para marchar, ellos, después de unos 20 minutos  Ellas vuelven a pedir más pasteles, pan, etc. para llevar en una bolsa. Las dos mujeres me observan (ahora imagino que esperaban que me quedara sola en la tienda) pero estuvo llena hasta la hora de cierre con lo cual, esperaron a que se fuera la última cliente para pagar pero, cuando quisieron hacerlo, la tarjeta no iba a pesar de que la pasé repetidas veces. Entonces ellas dijeron que querían ir al banco y yo, sin que se dieran cuenta cogí las llaves y las acompañé a la puerta y cuando una de ellas salió, le dije a la otra que se quedara dentro y rápidamente, cerré. Me dijo que tenía claustrofobia pero no la dejé salir mientras procedí a mandar un mensaje a mi jefe de lo que estaba ocurriendo. Al cabo de un rato llegó la primera mujer y con el temor de que no traería el dinero, abrí un poco la puerta para que me lo diera y, en ese momento, la que estaba dentro intentó salir con lo que empecé a forcejear con las dos con lo que una cayó al suelo y conseguí quitarle la bosa con los pasteles y panes que llevaba e intenté retenerlas levantando la voz para que la gente saliera a la calle y, cuando vi que había salido la dependienta de una tienda cercana y había algunas personas en los balcones aproveché para gritar lo de ¡Alto, ladronas! como hacen en el metro de Madrid con los carteristas, señalándolas  y siguiéndolas  en voz alta pero como ya no tenía sentido seguirlas regresé a la tienda y, al cabo de un rato vi pasar u coche de la policía, los paré y di parte del suceso"

Pues aquí queda el aviso de esta joven a otros comerciantes o trabajadores de los locales porque, seguro que esta pandilla, ni es la primera ni será la última vez que cometen este tipo de fechorías que, en realidad, además del perjuicio que causan a los negocios, ponen en peligro la seguridad de quienes en ellos trabajan.

roslev