Carriola. 02.05.26.
julio@carriola.es.
Y NOSOTROS, ¿QUÉ?
José Iglesias
Casi todas las semanas hablamos de lo mismo.
De la clase política.
De que nos polarizan.
De que son mediocres.
De que es la peor generación política que hemos tenido.
Y puede que tengamos razón en parte.
Pero esta semana, viendo ciertas cosas, me hice una pregunta incómoda:
¿Y nosotros?
Leo en redes sociales una foto.
Una simple foto.
Un político local, en Aguete, una tarde cualquiera.
“Bonita tarde en Aguete desde Los Tres Monos”, decía.
Y ahí empezó el espectáculo.
Comentarios de todo tipo.
Que si está ahí con el dinero de todos.
Que si mientras tanto el resto de Marín está en obras.
Que si esto, que si lo otro.
Un auténtico linchamiento.
Por una foto.
Y uno se pregunta:
¿Qué ha pasado?
¿Un político, sea del signo que sea, no puede publicar una imagen o comentar algo de su vida sin que le caiga la del pulpo?
¿Dónde está el respeto?
¿De verdad vale todo cuando alguien es personaje público?
Porque una cosa es criticar.
Y otra muy distinta es faltar al respeto.
Si uno no está de acuerdo con una obra, con una norma, con un gasto público o con lo que sea… hay mecanismos.
Siempre los ha habido.
Se puede pedir la palabra en un pleno.
Se puede dirigir un escrito a la corporación.
Se puede organizar una concentración, con su permiso correspondiente.
Eso es democracia.
Pero no.
Es más fácil otra cosa.
Es más fácil esconderse detrás de una pantalla.
Las redes sociales se han convertido en una tribuna perfecta para el cobarde.
Ahí, desde el anonimato o la distancia, se dice lo que jamás se diría cara a cara.
Ahí, todo vale.
O eso creen algunos.
Yo defiendo la democracia.
Defiendo la libertad de expresión.
Toda.
Desde un extremo al otro.
Pero hay una línea.
Y esa línea se llama respeto.
Desde el momento en que se pierde el respeto…
se pierde la razón.
Nos hemos instalado en una sociedad muy cómoda.
Una sociedad en la que parece que todo vale.
Pero no.
No vale casi todo.
La persona.La dignidad.La familia.La privacidad.Las creencias
Eso está por encima de cualquier discusión política.
Siempre.
Porque si no somos capaces de mantener ese mínimo…
el problema ya no es la política.
El problema somos nosotros.
Y luego nos quejamos.
Nos quejamos de la polarización.
Nos quejamos del ambiente.
Nos quejamos de la convivencia.
Pero contribuimos a ello cada día.
Con cada comentario.
Con cada insulto.
Con cada falta de respeto.
Así que, por una vez, miremos hacia dentro.
Y si no estamos de acuerdo con quien gobierna…
si creemos que lo hace mal…
si pensamos que debe cambiarse el rumbo…
ya sabemos lo que toca.
En la primavera del 27.
Votar.