Carriola.28.05.26.
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Un borde dispensador de citas médicas y una jefa que no está

Julio Santos Pena
No seré yo quien tenga algo negativo que decir (hasta ahora) del personal que atiende en el Centro de Salud de Marín donde, el cien por cien de las veces que tuve que ir, porque hay que ir, que remedio!, he sido tratado con educación y eficacia... hasta ayer.
La película empieza a las once de la mañana cuando acudo para ser atendido a las 11,30, como estipulaba mi cita pedida días antes. El cacharro de meter la tarjeta por la rendija no funciona (no es la primera vez). No queda otra que acudir a la mesa y allí una mujer me atiende con absoluta normalidad y me saca de su ordenador una boleta para subir a la consulta. Y subo.
Me siento a la espera de ser llamado por la doctora y hete aquí que en la aplicación del móvil me aparece en ese momento un aviso de que me han cambiado la cita para las dos menos cuarto. Vale, me resigno porque comprendo cualquier dificultad que obligue a cambiar planes en un proceso tan complejo como atender a todo el mundo. Y, viendo que faltan dos horas decido volver a casa donde tengo ocupaciones que atender y, estando en ellas, cerca de las 13.00 horas se me ocurre consultar de nuevo la aplicación y ¡olé!, ha desaparecido el cambio y me vuelve a poner la hora de las once y media. Arranco de nuevo al Centro de Salud y aquí empezó la historia.
Me toca con un personaje borde de esos a los que la ventanilla les queda grande y le explico los cambios que he sufrido para preguntarle si todavía puedo ser atendido. El borde me pide el teléfono y me dice que la consulta era a las once y media. Ya lo sé, le explico, pero estando a la puerta de la doctora, me la cambiaron para las dos menos cuarto y ahora ha desaparecido el cambio.
El borde aumenta su capacidad de ser borde, borde, y me trata como si estuviese mintiendo “Aquí no se ha cambiado nada”- dice. Pues sí, le vuelvo a decir. Que no, insiste el borde tratándome como un mentiroso lo que me produce indignación e indefensión indicándome además que seguramente ví en otra aplicación... borde y además ignorante.
Quiero hablar con su superior, le digo con la intención de poder hacer llegar a alguien con autoridad mi queja por la actitud del borde y, el borde me responde, la jefa no está. ¡Ole!, me siento como un felpudo de la puerta mientras veo que todos los compañeros del borde trataban de hacer como que no escuchaban, seguramente para no participar de la vergüenza que daba el borde.
Y qué hago? Le pregunto. Pues vaya a ver si lo atienden - me responde con el mismo tono borde e intolerable.
Y subo. Y la profesional me atendió con toda amabilidad pero me pide que espere fuera hasta que me llame ella. Y lo hago.
Y otra vez la aplicación cambia y ahora, que son la una menos tres minutos, me avisa que tengo consulta a las 12.53 ¿Quien lo entiende?.
Es igual, la asistente social, a donde iba me atiende perfecta y amablemente, me despido y bajo y, como el pan no me cabía en el cuerpo, al salir le enseño el nuevo aviso al borde para que sepa que, a veces, el cacharro de la entrada o lo que sea, funciona a lo loco y no pasa nada porque los racionales sustituyan a lo irracional con amabilidad y profesionalidad.
El borde habrá aprobado una oposición de taquillero pero falla en lo principal que es la humanidad. Y, de paso me pregunto ¿dónde estaba la “jefa” a la que no pude acceder con mi queja personalmente porque según el borde, no se encontraba en el Centro de Salud?.
Reprochable e injustificable es lo que ocurre y se tiene denunciado en los centros sanitarios cuando alguien se comporta con violencia, pero igual de reprochable es que pongan en una ventanilla a donde uno va con problemas y a veces con angustias insalvables, a un borde de este calibre.
Pero... no puedes protestar porque la jefa no está. Amén.