Carriola.31.05.26
(*) Colaboración dominical de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín coordinada por su vicepresidente José Carlos Otero López
ACABAR BACHILLERATO

Dolores Armas
Lic. en Psicopedagogía
En estas semanas, miles de estudiantes de Bachillerato han terminado sus últimos exámenes con una sensación difícil de entender. Algunos salen tranquilos y otros vuelven mentalmente una y otra vez a preguntas concretas, recalculan medias durante días o hablan constantemente de décimas, ponderaciones y notas de corte. A veces da la impresión de que toda su vida depende de una cifra. Y probablemente ese sea el verdadero problema. Que la EBAU hace tiempo que dejó de vivirse únicamente como un examen.
La presión no aparece de golpe en junio. Desde 4ªESO o incluso antes, se va construyendo poco a poco, casi sin que nadie se dé cuenta. Aparece en el día a día de los Institutos, en las conversaciones familiares, en comentarios del entorno y en charlas entre compañeros:“Esa nota te abrirá puertas”, “Ahora te juegas el futuro”, “Después de esto empieza tu vida de verdad”.
Por esto, muchos jóvenes llegan a este momento convencidos de que la nota hablará de ellos y no sólo de sus conocimientos. Describirá también su capacidad, su inteligencia o incluso las posibilidades que tendrán más adelante. Por eso, algunos viven cualquier error con una intensidad difícil de comprender desde fuera. No sienten únicamente que han fallado una pregunta, sienten que pueden decepcionar a los demás o decepcionarse a sí mismos. Es entonces cuando el miedo empieza a crecer de verdad, pudiéndose dar situaciones que se reflejan en síntomas en el cuerpo. Puede generar un nivel de presión enorme incluso en chicos y chicas muy preparados.
El cansancio se acumula, hay alumnos que llegan a mayo completamente agotados, aunque desde fuera parezcan funcionar bien. Duermen peor, se bloquean con facilidad, lloran por cosas pequeñas o sienten que ya no son capaces de concentrarse como antes. Sin embargo, muchos continúan exigiéndose todavía más porque creen que no pueden permitirse bajar el ritmo justo ahora. Además, alrededor de la EBAU circulan ideas que aumentan todavía más esa sensación de amenaza. Algunos adolescentes viven convencidos de que si no entran este año en la carrera que quieren habrán fracasado. Su entorno no les deja entender que un año de espera en la vida humana es poco tiempo si se trata de llegar al lugar deseado, que el futuro no quedará decidido para siempre en una semana de junio. Ademas también se debe evitar que puedan entender que todo el esfuerzo económico y emocional de su familia depende de esa nota, es una idea especialmente dura a estas edades.
No debemos olvidar que la adolescencia tiene algo muy particular. Lo inmediato se vive con una intensidad enorme y cuesta imaginar que existan caminos distintos cuando las cosas no salen como uno esperaba. Por eso, aunque desde el mundo adulto pueda parecer exagerado, para muchos chicos y chicas esta presión es completamente real.
Actualmente, el contexto tampoco ayuda demasiado. Gracias a las redes sociales y la inmediatez para comunicarse, muchos estudiantes salen de los exámenes y antes incluso de llegar a casa ya están leyendo mensajes sobre respuestas, comparando ejercicios o calculando posibles notas haciendo que estén mucho más expuestos. Ya no basta con enfrentarse al examen, también hay que convivir con la sensación constante de comparación.
Y en medio de todo esto, las familias también atraviesan su propia tensión. Muchos padres viven estas semanas con miedo, aunque no siempre lo expresen así. A veces preguntan continuamente cómo fue el examen o cuánto creen que sacarán porque ellos mismos necesitan sentir que todo irá bien. Otras veces, sin querer, transmiten una presión enorme simplemente porque toda la dinámica familiar acaba girando alrededor de la EBAU.
Sin embargo, hay algo importante que conviene no perder de vista. Un examen puede facilitar o dificultar determinados caminos, pero no define por completo a una persona. Con los años, muchos adultos descubren que algunas de las capacidades que más les ayudaron en su vida apenas aparecían reflejadas en las notas. La capacidad de adaptarse, de reorganizarse después de un mal momento, de sostener la frustración o de seguir adelante cuando algo no sale como uno esperaba termina teniendo muchísimo peso. Y precisamente muchas de esas habilidades empiezan a construirse en etapas como esta.