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Los lunes: LA VOZ DEL DERECHO(*): La conciliación en el SMACCarriola.25.05.26

julio@carriola.es

La famosa papeleta de conciliación

 

Andrés Barros

Abogado laboralista

Hay una situación muy habitual cuando una persona tiene un problema laboral: un despido, salarios pendientes, sanciones o conflictos relacionados con sus condiciones de trabajo. Quiere reclamar judicialmente, pero le dicen que antes debe presentar una papeleta de conciliación ante el SMAC provincial. De hecho, muchísima gente ni siquiera sabe qué significan esas siglas o para qué sirve realmente ese trámite.

El SMAC —Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación— es un organismo dependiente de la Administración laboral cuya función es intentar que trabajador y empresa puedan llegar a un acuerdo antes de acudir al juzgado.

Existe una idea equivocada bastante extendida: pensar que las conciliaciones que se llevan a cabo ante el SMAC son una especie de juicio pequeño. Pero la realidad es muy distinta. La conciliación previa en el orden social es, sobre todo, un intento de evitar procedimientos judiciales que podrían solucionarse antes mediante un acuerdo entre las partes.

El problema es que muchas personas creen que presentar una papeleta de conciliación es simplemente rellenar un formulario y contar “más o menos” lo ocurrido. Y ahí empiezan muchos errores.

Cuándo es obligatorio acudir al SMAC

En muchísimos conflictos laborales la legislación obliga a intentar primero una conciliación antes de presentar demanda judicial.

Esto ocurre en situaciones muy habituales, como despidos, reclamaciones de salarios, sanciones disciplinarias o discusiones sobre determinadas condiciones laborales. La finalidad es sencilla: intentar ahorrar a los trabajadores, empresas y administraciones públicas el tiempo, dinero y desgaste que un juicio suele implicar.

Y aunque mucha gente piensa que estas conciliaciones “no sirven para nada”, lo cierto es que bastantes conflictos se solucionan precisamente en este momento previo. A veces porque la empresa quiere evitar un procedimiento judicial. Otras veces porque el trabajador prefiere cerrar el asunto cuanto antes. Y, en muchas ocasiones, porque ambas partes entienden que un juicio siempre implica incertidumbre.

Ahora bien, que el acto sea más informal que un juicio no significa que pueda hacerse de cualquier manera. La papeleta de conciliación no es un simple trámite sin importancia. De hecho, plantear mal la reclamación desde el inicio puede terminar condicionando todo el procedimiento posterior.

El peligro de presentar una conciliación sin saber muy bien lo que se hace  

Aquí es donde muchas personas se confían demasiado. Es bastante habitual ver papeletas de conciliación hechas utilizando modelos descargados de internet, copiando escritos ajenos o explicando el problema de forma muy genérica pensando que “ya se aclarará después”.

Pero eso puede generar problemas importantes, porque en una conciliación no solo importa contar que existe un problema. También importa explicar correctamente qué se reclama, por qué se reclama y frente a quién se reclama. Y no siempre es tan sencillo como parece.

Hay errores que después pueden ser difíciles de corregir: cantidades mal calculadas, conceptos salariales olvidados, empresas incorrectamente identificadas o reclamaciones planteadas de forma demasiado imprecisa. Además, mucha gente desconoce que, en determinados casos, lo que posteriormente se reclame en la demanda judicial tiene que guardar relación con lo que ya se había planteado previamente en la conciliación.

Por eso, intentar resolver este trámite “rápido y sin complicarse” puede terminar saliendo bastante caro. Especialmente cuando el conflicto afecta a despidos, indemnizaciones importantes o reclamaciones económicas elevadas.

Cómo es realmente una conciliación en el SMAC

Cuando alguien escucha la palabra “conciliación”, muchas veces imagina algo parecido a un juicio: una sala seria, personas declarando y discusiones jurídicas constantes. Pero la realidad suele ser mucho más sencilla e informal.

Normalmente, trabajador y empresa acuden el día señalado al SMAC acompañados, o no, de abogados o graduados sociales. Allí suele haber un letrado o funcionario encargado de dirigir el acto y redactar el acta de conciliación.

Pero su función no es decidir quién tiene razón.

El SMAC no dicta sentencias ni resuelve el conflicto. Lo que hace es dejar constancia de si las partes han alcanzado un acuerdo o si, por el contrario, no ha sido posible conciliar.

Y la parte más importante del acto suele ser, precisamente, la negociación entre las partes.

Muchas veces trabajador y empresa hablan fuera de la sala, intercambian propuestas, valoran riesgos y tratan de acercar posiciones antes de decidir si merece la pena continuar hasta juicio. A veces el acuerdo llega rápidamente. Otras veces resulta imposible. Pero, en cualquier caso, la conciliación permite que ambas partes conozcan mejor la posición de la otra antes de entrar en un procedimiento judicial mucho más largo y serio.

Por eso, aunque la conciliación en el SMAC sea bastante más informal que un juicio, conviene prepararla bien. Porque una buena negociación puede ahorrar meses de procedimiento judicial. Y porque una mala estrategia desde el principio puede complicar muchísimo las cosas después.

(*) Colaboración semanal con el Despacho Legal AMURALEX de Pontevedra.

 

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