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RINCÓN DE LA PEDAGOGÍA(*): Claves para evitar conflictos familiares

Carriola.23.06.24

julio@carriola.es

Pacificando el hogar

Dolores Armas Vázquez

Psicopedagoga

La vida diaria, lo cotidiano, la obligación de atender a múltiples tareas en la familia, el trabajo y otros ámbitos sociales hacen que en muchos momentos, los padres y las madres, se mantengan en un nivel alto de estrés o ansiedad. Las pretensiones diarias son muchas, tanto para ellos como para sus hijos y sienten la necesidad de que todo se mueva a su velocidad y de una determinada manera. Todas estas dificultades se van traduciendo en exigencias hacia el entorno y hacia las personas. Esto junto a las diferencias personales con los hijos y la pareja genera un buen número de enfrentamientos y riñas en el hogar, manteniéndoles en un nivel de conflictividad alto. Así van pasando los días sin alcanzar un pleno bienestar, con fricciones continuas de diferente intensidad.

Un ambiente familiar sosegado y tranquilo depende, sin duda, de las acciones de todos los miembros de la familia, pero es cierto que en muchas ocasiones pequeños cambios provocados por los padres cambian de sentido el nivel de conflictividad. No olvidemos que todos tenemos la imagen del hogar como un lugar de descanso, de tranquilidad y de relax.

Un primer paso, aceptar

Normalmente hay una presión excesiva sobre los niños, no les dejamos crecer a su ritmo, sino que forzamos la aparición de ciertas habilidades, hábitos y conocimientos no adecuados para ese momento, lo que provoca en ellos un rechazo importante y por tanto es una fuente de conflictos. Es preciso, por tanto, descubrir cómo es la esencia de cada uno de los miembros de la familia y respetarla. Tener en cuenta el momento evolutivo en que se encuentran los hijos, considerar sus personalidades y temperamentos, respetar que tienen sus propias prioridades e intereses, son los pilares básicos para tener unas relaciones familiares más armoniosas. Resulta relativamente fácil aceptar los errores e imperfecciones de los niños de corta edad, pero a medida que crecen queremos que de un día a otro hagan un cambio o un nuevo aprendizaje y eso pocas veces es posible. Debemos seguir comprendiendo sus faltas, tenderles una mano de ayuda, disponer de una buena dosis de paciencia y contribuir a que cada día sean mejores, con calma, son los ingredientes fundamentales de la paz.

Un segundo paso, analizar

Es muy importante saber por qué se rompe la armonía continuamente en el hogar. Las familias necesitan pararse y reflexionar, desgranar el día a día y reconocer cuales son las fuentes cotidianas de conflicto, para luego buscar  nuevas maneras de abordarlas. Cada niño es único, cada relación con cada hijo es única, pero con frecuencia las disputas se repiten de la misma manera un día tras otro. Analizarlas facilitará el mantener la calma y actuar con serenidad. Nos ofrecerá claves para mantener una mayor coherencia entre los padres y marcar la jerarquía familiar que proporcionará  seguridad a todos los miembros.

También habrá que hacer una revisión a las normas, el incumplimiento de las mismas es la principal fuente de fricciones, pero puede ser que sean excesivas, que algunas sean muy poco importantes, que las realmente relevantes quedan solapadas por otras secundarias.

Un tercer paso, comunicarse

Tener una buena comunicación en la familia es un elemento clave para la buena convivencia y para resolver los conflictos de una manera constructiva, buscando soluciones positivas y educativas. Es importante escuchar las opiniones de los hijos en ciertos asuntos y tenerlos en cuenta en la medida de lo posible, pero quizás es más relevante escuchar las emociones que se despiertan en las diferentes circunstancias para canalizarlas adecuadamente y ofrecerles la respuesta que les permita alcanzar un buen equilibrio emocional.

No podemos olvidar que además que una buena comunicación también se caracteriza por lo qué se dice y el modo en cómo se dicen las cosas. A veces los padres, movidos por la emoción, se expresan de modos inadecuados y con tonos de voz  hirientes. La autoridad no depende de alzar la voz sino de la coherencia entre los hechos y las palabras.

(*) Colaboración dominical especial de la Asocaición de Pedagogía de Galicia “APEGA coi Carriola de Marín