Carriola.16.03.25
¿QUIZÁS LES ESTEMOS SOBREEXIGIENDO?

Dolores Armas Vázquez
Psicopedagoga
Con el paso de los años nuestra sociedad va confirmando que uno de los pilares fundamentales para tener éxito social y personal es disponer de una buena formación académica. Así, en el momento de hacerse padres, comienza una cierta obsesión por conseguir para sus descendientes la mejor educación, con el fin de proporcionarles una vida adulta llena de éxito y bienestar. Para ello las familias ofrecen a sus hijos múltiples actividades para que desarrollen al máximo sus potencialidades.
Por otra parte aparece el sistema educativo, que desatendiendo a algunas de sus funciones recogidas en las leyes educativas, se muestra reacio a tener en cuenta las condiciones y características de cada niño atendiendo a sus procesos de desarrollo y a su diversidad. Así quedan sometidos, niños y familias, a situaciones teñidas de fracaso escolar y, por tanto, de fracaso social y personal. Esta excesiva presión y demanda escolar para cumplir con ciertos objetivos académicos, sitúa a los padres en la sobreexigencia continúa, que pasa factura rápidamente a los niños, manifestando diferentes síntomas físicos, conductuales y emocionales. Las exigencias conductuales y académicas prematuras contrarrestan la capacidad innata del niño para autorregularse y para aprender movido por su curiosidad y ganas de saber. Los niños sometidos a sistemas educativos y familiares sobreexigentes muestran peores conductas, peores hábitos de estudio, son más distraídos, menos sociables, con escasa motivación, tienen dificultades para seguir instrucciones y adquirir rutinas. Una excesiva presión desde pequeños hace que los niños pierdan espontaneidad, naturalidad y creatividad. Favorece que se enfrenten demasiado pronto al fracaso sin capacidad para gestionarlo y aceptarlo, así como a la frustración de la familia por no alcanzar las metas que le habían propuesto.
¿Nos hemos parado a pensar cuál es el perfil de hijo que queremos?
Esta pregunta es dura y fría. Obtiene como respuesta evasiva de las familias “qué sea lo que él quiera ser”, pero en las conductas diarias, en nuestra manera de educar hay mucho más contenido. Todos los padres y las madres desean un hijo alegre, creativo, sano, normativo, sociable, cariñoso, deportista, músico, responsable, organizado, autónomo, buen estudiante,… y hace todo lo posible para que se haga realidad.
¿Sería aceptable que unos padres sabiendo que es bueno para su hijo la inmersión en el inglés desde muy pequeño, y teniendo los medios para ello, no lo hiciese? ¿Sería aceptable que conociendo la importancia de saber nadar, no llevara a su hijo a unas clases de natación? ¿Sería aceptable sabiendo la importancia de tener éxito escolar, permitiéramos que nuestro hijo fuera mal en los estudios y no hiciéramos nada? ¿Sería aceptable…? , y así podríamos seguir y seguir con multitud de actividades y oportunidades para los hijos.
¿Dónde está el límite? ¿Cómo recuperar el equilibrio?
Es bueno para los hijos tener padres ambiciosos que deseen su éxito, que le ofrezcan múltiples opciones y experiencias, que posibiliten el desarrollo de sus potencialidades, pero siempre buscando un equilibrio. Una exigencia temprana o intensa en los primeros años de vida no asegura ni garantiza grandes estudiantes, ni grandes artistas,… ya que si no se hace con amor y cuidado, con metodologías adecuadas, entendiendo los procesos de desarrollo, será sin duda un fracaso que traerá más consecuencias negativas que beneficios. Hoy sabemos que un nivel de exigencia escolar bajo en los primeros años, con un fuerte carácter lúdico, con poca tensión y frustración, resulta más beneficioso para el desarrollo de habilidades académicas. Por ello darle tiempo para jugar, para pintar libremente sobre un papel, sin pautas, sin condiciones, sin ser juzgado es respetuoso con el crecimiento y el aprendizaje. Observar cómo responden a las exigencias y rutinas diarias y saber dar un paso atrás si vemos que no es capaz, es caminar a su lado ayudándole a crecer y a alcanzar un nivel óptimo de bienestar personal.
(*) Colaboración dominical especial de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín