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Los domingos, RINCÓN DE LA PEDAGOGÍA(*): Rivalidad(?) fraternal?

Carriola.24.05.26

julio@carriola.es

(*) Colaboración dominical  de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín coordinada por  su vicepresidente José Carlos Otero López

PELEAS ENTRE HERMANOS

 

 Dolores Armas

Lic. en Psicopedagogía

Las peleas  y rivalidades entre hermanos son algo frecuente en las familias y  forman parte de sus dinámicas. Estas se entremezclan con momentos placenteros y de juego entre sus miembros. Son más habituales en niños pequeños debido a la falta de habilidades para resolver conflictos y para buscar alternativas, incluso para satisfacer sus necesidades a través de otras personas. A medida que van creciendo suelen irse dilatando en el tiempo. En pequeños son normales unas cinco disputas diarias. En épocas vacacionales, como el verano, se pueden agudizar debido a que están en más ocasiones juntos y por tanto hay más roces. Lo importante es ayudarles a que estos conflictos no se perpetúen en el tiempo y continúen en la vida adulta.

Causas de las peleas

La principal razón por la que se dan los conflictos entre hermanos está relacionada con los celos. Los niños desean acaparar la atención y el afecto de los adultos que los rodean, principalmente de los padres  u otros familiares, y aislar a los hermanos que no son más que una competencia para esa dedicación.  Necesitan comprobar de vez en cuando que son queridos y que ellos se merecen más amor que el otro o los otros hijos. Estos sentimientos se pueden dar tanto en los hermanos mayores como en los pequeños, por lo que no siempre hay que dirigir la mirada hacia el mayor como causante del conflicto y poseedor de los celos.

También suele suceder que el origen del problema esté en la envidia. Los niños observan que sus hermanos han conseguido objetos o que tienen ciertas pertenencias que llaman su atención y desean poseerlas, para ello han de arrebatárselas de alguna manera al otro. Aquí nos podemos encontrar con niños muy directos  que van claramente en busca de lo que desean y otros que dan vueltas hasta conseguirlo, pudiendo provocar algún engaño en los adultos.

En ocasiones, en algunas familias, encontramos que las peleas se producen por la búsqueda privilegios  y la evitación de obligaciones. Esto suele darse en niños más mayores,hacia la adolescencia. Aparecen, entonces, comparaciones entre ellos para justificar la manera en que se aproximan a sus responsabilidades, en unas ocasiones ambicionadas (salir con amigos, manejar aparatos, visionar ciertos programas o películas,….) y en otras detestadas (poner la mesa, recoger los juguetes, hacer la cama, bajar la basura,…).

Qué hacer para evitarlas

Desde pequeños debemos hacerles entender que ellos, los hermanos, son diferentes; con gustos, personalidades, necesidades y deseos diferentes, y que vosotros, como padres,  haréis todo lo posible, teniendo en cuenta las circunstancias, por atender sus demandas, que nunca serán iguales. De esta forma calmaremos las envidias y las rivalidades. Si los adultos pretenden todo el tiempo igualarlos, ellos continuamente buscarán las diferencias y las utilizarán para medir los afectos y las atenciones de los demás, valoración que normalmente no es justa. Otro aspecto muy importante a tener en cuenta son los comentarios sobre los niños, muy frecuentes en las familias y las personas próximas. Esos comentarios suelen ser comparativos, a veces entre ellos y otras veces con referencia a los progenitores, situando a uno en lugar más favorable y positivo y otro en un lugar más negativo y desfavorable. Así empezarán las luchas por conseguir la mejor posición, y las peleas querrán demostrar quién es el bueno y el mejor.

Qué hacer frente a una pelea

Cuando son pequeños debemos observar como gestionan sus conflictos sin intervenir. En ocasiones, tras pelearse por un muñeco o un coche reanudan el juego como si no hubiera sucedido nada, el conflicto se ha resuelto sin nuestra intervención.  Puede suceder, por el contrario que la pelea vaya en aumento, en ese caso debemos separarlos para que se tranquilicen y no escuchar ninguna explicación en ese momento. Tanto los chiquillos como los adultos tienen las emociones a flor de piel, lo que hará que en ese momento el problema se resuelva de un modo inadecuado. A veces se cree que es una buena solución obligarlos a jugar juntos, esto normalmente lo que provoca es más tensión y que la pelea se reavive en un corto plazo.  Y como última recomendación deberíamos evitar comentar conflictos y sucesos entre ellos con otras personas en su presencia, ya que les indicará que las rivalidades es un asunto de máxima atención para los padres.

 

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