
Carriola. J.S.P. 12.03.25
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Acabamos de vivir una controversia medioambiental considereable con la tala de los árboles de la Avenida de Ourense y, entre ellos, el gran árbol que era ya una imagen singular a la entrada de Marín que incluso llamaba la atención. Desde hace unos meses para acá se estaba anunciando su retirada al haberse concebido, dentro de la remodelación de la Avenida de Ourense, la ubicación de una rotonda que organice, al menos en teoría, mejor la circulación por esa zona.
La caída del árbol ha sido un drama para muchos o al menos han sido muchos los que manifestaron su sentir al respecto en las modernas redes sociales utilizando algunos incluso el insulto dirigido a los que nos gobiernan y especialmente a la alcaldesa. Allá cada quien con su educación y respeto.
Ocurre, sin embargo que, desde que se anunció que los mencionados árboles iban a desaparecer, las reacciones de muchas de esas personas que ahora se tiran de los pelos fueron ninguna y, cuando aún podría tener algún efecto, se debió convocar una concentración en su defensa. Nadie lo hizo quedando dicha convocatoria para después de la tala; un absurdo.
Pero hay que ir más atrás en el tiempo. Hace muchos meses, en el Museo Torres se presentaron los planes urbanísticos de las remodelaciones de la Avenida de Ouresne (de la Administracion Central) y de Concepción Arenal (de la Xunta de Galicia). En aquellas ocasiones tras la muestra por parte de los técnicos de cómo iba a ser la cosa en ambos casos, se abrió la posibilidad de que los vecinos, las organizaciones vecinales y los partidos políticos, dieran respuesta a una encuesta confeccionada al respecto con lo que, de alguna manera, se obligaría a las administraciones autoras de los proyectos a replantear algún aspecto. Al menos quedaría constancia de la oposición a ciertas partes de los proyectos y, con más o menos aceptación por parte de sus redactores, podria llegarse a tiempo a posibles variaciones de los mismos. Y cabe preguntarse ¿cuántos vecinos o instituciones se personaron en dichas consultas?. La respuesta es, nadie ni ninguna, según hemos consultado ayer mismo en fuentes enteradas.
Y con esa nula respuesta a la consulta, las obras se realizan tal cual están concebidas con la duda de qué pasará en el tramo de Concepción Arenal entre la Farmacia y Ejército y Marina que ahí sí hubo respuesta vecinal y nos da la impresión que frenazo a lo que estaba listo para ejecutar.
El árbol que ayer perdió la vida vino a ser el detonante de las tardías reacciones. Perder un árbol singular es siempre doloroso y, lloviendo sobre mojado, tras el cambio del medio centenar de floridos árboles que estaban en el “Paseo del Colesterol”. suprimidos por fuerza mayor (ya que por ahí pasa el colector de aguas residuales hacia la EDAR) y sustitidos por unos ridículos “pirulís” que ni dan sombra ni dan flores ni dan más que un aspecto de estar secos todo el año, la reacción de las personas sensibles es normal aunque, repito, tardía.
Y por otra parte está la rotonda. También la rotonda se encuentra claramente incluida en el proyecto al que, que sepamos, nadie hizo el más mínimo comentario donde tenía que hacerlo tras su presentación. Y, con el cabreo despertado por la tala del árbol, se lanzan opiniones, unas más o menos razonadas, y otras sin ningún fundamento y con total desconocimiento de la situación. La rotonda, según el proyecto, viene a suprimir el semáforo de bajada de la calle Carballiño y se pretende que ordene la circulación procedente de esa calle, de República Argentina y de la propia Avenida de Orense. Es de suponer que esté basada esa ordenación en estudio técnico y pormenorizado y, las opiniones negativas que pueda haber antes de la obra, igual cambian después de finalizarla; tiempo habrá, pero lo que deberían estar es fundadas en el conocimiento.
“Tarde piache”, que decía mi abuela en estos casos. Y que nos sirva para aprender a hacer las cosas antes de que no tengan remedio. Esta vez pudo intentarse y no se aprovechó la ocasión y los comentarios a posteriori son tiempo perdido como lo es que algunos aprovechen el momento, como depredadores de carroña, para sacar la cabeza de la marea negra.